¿A quién se le ocurre crear un medio independiente de comunicación en un ecosistema mediático sometido a guerra de desgaste desde hace siete años y en ruta, al parecer, a su liquidación como plataforma de la esfera pública?
¿Una aurora en la oscuridad? Además ¿quiénes idearon bautizar esta aventura como La Aurora, al despuntar un año a todas luces programado por el régimen para espesar la oscuridad autoritaria? Es decir, como si no se viviera un clima periodístico cada vez más enrarecido por el fuego graneado de palacio. O como si no se padeciera una nomenclatura que dispersa por el país fiscalías feroces contra críticos y opositores, jueces obedientes elegidos por el aparato partidista del régimen, medios oficiales y oficialistas beligerantes contra la expresión libre de la sociedad y maquinarias poderosas de manipulación digital, entre otros mecanismos dirigidos contra todo lo que se mueva al margen de la veneración a los más altos exponentes del poder.
¿Periodismo sin pluralidad? ¿La aurora, en las vísperas de una nueva contrarreforma dirigida, hasta donde se conoce, a nublar indefinidamente la representación de la pluralidad de la nación y a eclipsar el ejercicio de las libertades político-electorales? ¿De veras? ¿Como si la pluralidad no fuera condición indispensable del ejercicio periodístico en las sociedades democráticas?
¿Una aurora en la tiniebla planetaria? Para acabar pronto: ¿La aurora en un año de retrocesos democráticos de todo signo y en todo el mundo, con un trío de líderes planetarios dispuestos, al parecer, a adelantarnos el cumplimiento de la profecía bíblica de que las tinieblas cubrirán la tierra y la oscuridad prevalecerá sobre las naciones?
Declaración de fe. Pues bien, debemos esta extravagante convocatoria a dos destacados profesionales de la información, de dos generaciones distintas: Pablo Hiriart -fundador de diarios y uno de los periodistas más completos de nuestro medio- y a Julián Andrade Jardí -agudo comunicador de amplio espectro y heredero de una dinastía familiar de defensores de los derechos humanos. La tomo como una suerte de declaración de fe en el periodismo libre como vehículo para contribuir, así sea modestamente, a abrirle paso a una nueva aurora del ejercicio pleno de libertades y derechos hoy conculcados, o abolidos -o en proceso de serlo- por un ciclo oscuro, pro dictatorial en la vida de nuestro país.
Ahí está el detalle. En respuesta a esta convocatoria me he comprometido a contribuir a esta conversación con un mensaje cotidiano cuya lectura no consuma más de tres minutos. La pretensión sería de dar con un detalle -a discutir- de la información del día. Detalle, no sólo en el sentido de fragmento de un todo, sino de puntualización de algún tema, en un debate público viciado por la polarización y la manipulación. Detalle, en el sentido coloquial de los cronistas deportivos cuando pretenden dar con un dato clave y empiezan: el detalle será en… Y detalle, también ¿por qué no? como intento de desenredar enredos como los que casi llevan a la pena de muerte al primer Cantinflas en una de las mejores películas de la época de oro del cine mexicano: Ahí está el detalle.
