Efímero parte de guerra. 24 horas duró el parte de guerra del general secretario Trevilla en la mañanera del lunes. Lo sofoca un alud de especulaciones, rumores y temores arribado tras el celebrado éxito militar del fin de semana en Jalisco. El prolongado silencio -la distancia- de los hechos por la presidenta, supuestamente para diferenciarse de los presidentes Peña y Calderón ante hechos comparables; la imparable versión de la muerte deliberada de El Mencho para evitar una depuración a Estados Unidos, donde exhibiría sus complicidades mexicanas; el ocultamiento, hasta el momento, de alguna imagen del cadáver; el protagonismo opaco del Ejército: todo parece atentar contra el fervor del discurso del lunes del general secretario.
Misterios emponzoñados. “No se puede decir mucho”, escapó de un micrófono traicionero la aparente indicación presidencial al general secretario cuando se disponía éste a responder en esa mañanera sobre la participación de Estados Unidos en los hechos. Frase ya viral que resume una atmósfera envuelta en misterios emponzoñados.
Guerras cruzadas. Leemos testimonios que acreditan manipulación de las noticias de los frentes de batalla abiertos en varios estados, continuidad del supuesto choque en el fraccionamiento Tapalpa Country Club. Para unos, en represalia por el golpe supuestamente inesperado a un capo que vivía con la seguridad de sus arreglos con el poder político y las Fuerzas Armadas. Para otros, son parte de la lucha por el control del poder en esa corporación criminal llamada Cártel Jalisco Nueva Generación. Pero aparecen en el paisaje otras guerras cruzadas. Por el poder político, con sus primeras definiciones en la inminente nueva contrarreforma político-electoral de la presidenta. Y, desconocidas en muchas generaciones: guerras de poder entre corporaciones armadas, lo que abonaría en las teorías de quienes sostienen que volvimos 100 años atrás, cuando luchaban por el poder “generales con mando de tropa”.
