Le siguieron los pasos por años. Las grandes capturas requieren de planeación e inteligencia, pero también de suerte, de oportunidad.
Todo esto se combinó para que los soldados dieran con el lugar donde se encontraba Nemesio Oseguera El Mencho.
En el área de inteligencia de la Secretaría de la Defensa obtuvieron un dato de alta calidad, la novia y el jefe del CJNG se reunirían en Tapalpa, un pueblo mágico que recibe entre 15 mil y 20 turistas en temporadas vacacionales.
Al comprobar la información, siguió la determinación del secretario de la Defensa, general Ricardo Trevilla, de proceder a una operación de grandes dimensiones, en las que tendrían un papel destacado elementos de la Fuerzas Especiales.
El Mencho y su equipo de seguridad estaban equipados con armas de alto poder y no fue sencillo someterlos.
Después de la operación se va conociendo el saldo de los combates y murieron, en el cumplimiento de su deber y en diversos lugares, 25 elementos de la Guardia Nacional, una cifra terrible. Detenerse en lo anterior importa, porque revela el esfuerzo que están haciendo las Fuerzas Armadas para combatir a los criminales.
Pero el saldo, lamentable por pérdida de vidas, no debe dejar duda de que se actuó del modo correcto y más cuando ya se tuvo la certeza de que era posible la captura de uno de los criminales más peligrosos.
Los círculos de seguridad de los jefes del crimen suelen romperse por su vida privada. Por eso son sumamente cuidadosos con sus familias, para protegerlas, pero también para evitar que sean la causa de alguna captura.
Hay experiencias al respecto. Pablo Escobar Gaviria tenía la metódica costumbre de no demorarse de más en las llamadas telefónicas que, además, realizaba con aparatos que desechaba de inmediato.
Sólo una vez se extendió hablando con su hijo. Eso precipitó su final, porque la DEA dio un aproximado de las coordenadas desde donde se realizó la conversación y el Bloque de Búsqueda dio con él y lo abatió cuando huía por una azotea.
Joaquín El Chapo Guzmán, después de la trifulca en el Aeropuerto de Guadalajara — donde intentaron matarlo sicarios de los Arellano Félix, pero en una confusión sobre el vehículo en que se transportaba, terminaron asesinado al cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo—, tomó su teléfono, que ya estaba intervenido por la PGR, y le llamó a su novia para decirle que “saldrían de viaje”, un error que aprovecharon las autoridades para seguirle la pista hasta Guatemala, donde fue capturado y luego entregado en la frontera con Chiapas.
