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Presidencialismo y gobernanza

En la evolución de la democracia, los sistemas de gobierno resultantes han tenido cambios muy importantes.

Uno de ellos, el presidencialismo, emerge como resultado de la abolición paulatina de las monarquías absolutas. El presidencialismo actual dota al presidente de un poder, que, en ocasiones, supera al de aquellos monarcas del pasado.

Hoy, el presidencialismo, tiene presencia relevante (con consecuencias a nivel internacional) en EU, casi la totalidad de América Latina y en algunos países de Asia y África.

Con el nacimiento de EU, y su innovadora Constitución, aparecen los elementos que definen al presidencialismo: 1. Elección por sufragio popular (directo o indirecto). 2. Separación de poderes (el Ejecutivo no depende del Legislativo para existir). 3. La doble jefatura: el presidente es jefe de Estado y de gobierno. 4. Un mandato fijo en el tiempo (con o sin reelección).

El presidencialismo no es garantía de democracia, libertad o desarrollo, al ser un poder unipersonal está sujeto a la personalidad, la ética y, en no pocos casos, a la salud mental del presidente en turno. En su historia, México cuenta con varios locos funcionales como presidentes.

La gobernanza, es decir el gobierno del gobierno, debería ser un elemento integral del sistema presidencialista y en caso de incapacidad de gobernanza, por tanto, de gobernar, se debe exigir la renuncia inmediata del presidente y no ese remedo inventado por la 4T al que llaman “revocación de mandato”.

La presidenta Sheinbaum está pagando muy caro su ambición de control político absoluto; se ha quedado sin interlocutores y sin capacidad de diálogo. Niega espacios a la oposición y, lo más grave, está confrontada y acorralada por Morena y sus aliados.

La insurrección se ha instalado en el gobierno, y la pérdida de gobernanza se palpa en cada mañanera y acto de gobierno; justificación de lo injustificable, negación de la realidad y desacuerdos interminables son sus antiguos aliados. Una sensación de desmadre absoluto.

En el colmo de su falta de visión de Estado y de gobierno, y para agravar aún más la situación, la presidenta enviará una propuesta de reforma electoral que regresará a México 60 años en términos de democracia institucional.

A mayor concentración de poder, más caciquismo y corrupción. Es no sólo el sueño dorado de ese Estado paralelo llamado crimen organizado, es llevar en la práctica la ingobernabilidad como el “estilo personal de gobernar” de CSP.

A medida que se acerquen las elecciones intermedias, el desorden y la falta de gobernanza se agravarán. Ya no sólo es el enfrentamiento con el Congreso, Morena y algunos actores políticos, lo realmente serio serán los conflictos electorales con los gobernadores que desean imponer a sus dinastías familiares en 2027.

En política no hay casualidad, hay causalidad e intereses. Donde ninguno manda, todos creen que mandan. Donde todos mandan, nadie manda. El caos o la nada. ¿Sonrisas desde Palenque?

Pancho Graue