Lo bueno. Fue meritoria la presentación del gabinete de seguridad de este lunes en la mañanera sobre la historia preliminar (faltan piezas en el rompecabezas) de la muerte de El Mencho. Hubo datos pormenorizados de lugar y circunstancias, indispensables para dar verosimilitud (que no siempre es certeza) al relato. Hubo emoción contenida por los caídos del gobierno, alertas sobre las fuerzas de reacción de centenares de bandas sin cabeza y sin control y otros aciertos, como las secuencias de thriller político policial siguiendo pistas para dar con el paradero del líder criminal. Fue una historia de éxito contada por personajes bien entrenados para la escena y los medios. Se vale y se requiere en episodios de crisis, confusión y temor como el actual.
Lo incongruente: dime de qué presumes… Pero hubo también incongruencias dictadas por imperativos del mercado político informativo. Por un lado, se resaltó épicamente (bien) el heroísmo del personal militar frente a un ‘enemigo’ de gran poder y gran peligrosidad que, sin embargo, en el campo de batalla puede ser ubicado, sometido, herido, vencido y muerto a bordo de un avión en vuelo a la CDMX, en unas horas. Y una incongruencia lleva a otra: la minimización de la participación estadounidense en el operativo, cuyo dimensionamiento real resolvería la incongruencia anterior. Por ahora, ambas incongruencias conspiran contra la credibilidad oficial. Igual que el manejo parcial del concepto de soberanía. Ayer bastó ver los mapas de México con los puntos bajo control violento de un cártel -encuadrado por EU en el terrorismo internacional- para poner en duda la soberanía nacional en vastos territorios del país y echar por tierra el remate que alguien le encimó a la intervención del secretario de la Defensa, en el sentido de que la jornada sabatina sólo muestra “la fortaleza del Estado mexicano”.
