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Cuatro años de guerra contra Ucrania suman 160 mil muertos y no se ve fin al conflicto

La confrontación se mantiene por la intención de Rusia de seguir ocupando territorio de Ucrania, aunque eso se cebe con los civiles, los más afectados de esta guerra

A cuatro años de la invasión a gran escala ordenada por Vladimir Putin el 24 de febrero de 2022, la guerra de Rusia contra Ucrania persiste y se ha convertido en el conflicto más grave en Europa desde la Segunda Guerra Mundial que deja cuatro millones de desplazados al interior del país y otros cinco millones que huyeron por toda Europa, además de una cifra aproximada de 160 mil muertos, según datos de la ONU.

Si se toman en cuenta los antecedentes, la confrontación acumula ya 13 años. El 20 de febrero de 2014, Moscú inició la invasión ilegal y no provocada de Crimea. Desde entonces, el saldo territorial, humano y político configura una guerra de desgaste cuyas consecuencias, advierten diplomáticos y reportes internacionales, podrían redefinir el orden europeo.

En 12 años, Rusia ha ocupado el 19.5% del territorio ucraniano —un país del tamaño de Texas— y ha sufrido entre 1.2 y 1.4 millones de bajas, incluidos entre 325 mil y 415 mil muertos.

Son cifras que retratan la magnitud del costo humano para Moscú y el carácter prolongado de una campaña que, según el diplomático de carrera de EU, Daniel Fried, estuvo lejos de ser la “operación militar especial” rápida que el Kremlin anticipó.

De acuerdo con Reuters, la guerra de esta etapa reciente entra en su quinto año con casi cuatro millones de desplazados internos en Ucrania y más de cinco millones de personas que huyeron hacia Europa. Muchos temen no volver a ver sus hogares ni a sus seres queridos.

El control del Donbás —integrado por las regiones industriales de Donetsk y Luhansk— está en el centro de las conversaciones de paz respaldadas por Estados Unidos para intentar poner fin al conflicto.

El año 2025 fue el más letal para la población civil en Ucrania desde 2022, informó la Misión de Observación de los Derechos Humanos de la ONU en Ucrania (HRMMU). La violencia relacionada con el conflicto causó la muerte de 2.514 civiles y dejó 12.142 heridos, un 31 % más que en 2024 y un 70 % más que en 2023.

En el fondo la disputa sigue por territorio

Rusia exige que Kiev ceda el 20% restante de Donetsk que no ha logrado conquistar. El presidente ucraniano Volodímir Zelenski ha rechazado esa exigencia, aun cuando —según declaró— mediadores estadounidenses le han señalado en privado que esa concesión podría bastar para asegurar la paz.

“No podemos simplemente retirarnos”, afirmó esta semana, “tenemos que entender que Donbás es parte de nuestra independencia… No se trata solo de la tierra. No es solo territorio: son personas”.

Las posiciones expuestas reflejan la profundidad del desacuerdo. En su análisis publicado el 19 de febrero de 2026, el exembajador Daniel Fried sostiene que la guerra ha derivado en un estancamiento sangriento, con avances rusos lentos y costosos, sin rupturas decisivas. Subraya que el conflicto ha introducido transformaciones tecnológicas —especialmente el uso extensivo de drones— que han alterado las tácticas en el campo de batalla y cuyas lecciones ya se estudian en Europa, Estados Unidos y Asia.

Fried plantea que la guerra tiene implicaciones históricas mayores. A su juicio, una victoria rusa —entendida como la subordinación de Ucrania mediante anexiones parciales y la conversión del resto en un Estado satélite— abriría la puerta a nuevas presiones imperiales sobre otros países no miembros de la OTAN y alteraría el equilibrio de seguridad europeo.

Por el contrario, argumenta que una “derrota estratégica rusa, posible con suficiente respaldo de Estados Unidos y Europa, consolidaría la soberanía ucraniana sobre la mayor parte de su territorio y representaría un revés a los intentos de restauración imperial”.

En paralelo, el embajador de Ucrania en Australia, Vasyl Myroshnychenko, advierte sobre otro riesgo: la apatía. Cuatro años después de la invasión a gran escala, sostiene que “la habituación a la ilegalidad y la brutalidad es precisamente lo que el Kremlin busca”. La normalización del conflicto —dice— alimenta las narrativas de que la victoria rusa es inevitable y de que Ucrania debe ceder territorio.

Myroshnychenko afirma que los hechos contradicen esas narrativas. Señala que, en los últimos 12 meses, “Rusia ha ganado territorio equivalente al tamaño de Canberra mientras sufría cientos de miles de bajas” y que esta semana perdió 200 kilómetros cuadrados. Destaca además “la capacidad de producción ucraniana de 4.5 millones de drones al año y los ataques contra infraestructura petrolera rusa”. Añade que el crecimiento económico ruso se sitúa en cero por ciento y que las tasas de interés rondan el 20%.

Para el diplomático ucraniano, “la resistencia social y militar de su país desmiente la idea de una derrota inevitable”. Incluso bajo bombardeos constantes y cortes de energía, sostiene que “la determinación de la población permanece intacta”.

El marco de una posible salida, según Fried, pasaría por un alto el fuego en las líneas actuales y garantías de seguridad para Ucrania. “No sería una paz justa —esa requeriría la retirada rusa de todo el territorio ocupado—, pero podría dejar aproximadamente el 80% del país libre y soberano, con capacidad de reconstrucción y eventual integración europea”.

El Kremlin, sin embargo, mantiene demandas que incluyen la retirada ucraniana de territorios que no ha logrado tomar y exigencias políticas sobre el gobierno en Kyiv.

Cuatro años después del inicio de la invasión a gran escala y más de una década desde Crimea, la guerra no muestra un desenlace inmediato.

Las cifras de desplazamiento, ocupación territorial y bajas militares confirman que se trata de un conflicto prolongado, de alto costo humano y consecuencias estratégicas aún abiertas. Entre la presión diplomática, las negociaciones inconclusas y el desgaste acumulado, el aniversario no marca un cierre, sino la persistencia de una guerra cuya resolución definirá el futuro de Ucrania y la arquitectura de seguridad europea.

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