...

Información para decidir con libertad

Apoya el periodismo independiente

La aurora en la mitología

En el movimiento de rotación diario existe un momento en que una parte del planeta es abandonado por la oscuridad de la noche y las primeras señales del cambio poco a poco tiñen el Oriente. Aparecen como tenues y tímidos trazos rosados que apenas se insinúan en el horizonte. El sol aún no se asoma para hacer incontrovertible el amanecer y la blanca claridad que le precede, el alba, no ha desplegado con majestuosidad sus alas.

A ese maravilloso puente entre la oscuridad y el alba, algunos pueblos primitivos, atentos a los cambios más sensibles del cielo, le rendían una atención reverencial. Así, ese breve espacio del día era presidido por una deidad, generalmente femenina. Los griegos la llamaban Eos y los romanos, Aurora.

En la mitología griega se dice que todos los días, Eos, al levantarse, engancha sus luminosos caballos Lampo y Faetonte a su carruaje para iniciar su cotidiana tarea: subirse a la colina celeste para asomarse al mundo y anunciar, desde allí, sentada en su trono de oro, el fin de la noche y la llegada de su hermano, el dios Helios, el Sol. Lo hace, levantando sus manos y extendiendo sus dedos rosados,mostrándose orgullosa con su hermosa túnica color azafrán.

Se dice que Eos engendró con su primer esposo, Astreo, a la Estrella de la Mañana, y al resto de las estrellas de la noche. De esta pareja también nacieron los principales vientos Boreas (el viento del Norte), Céfiro (viento del Oeste) y Noto (viento del sur).

El mito cuenta que Eos era una amante muy activa. En alguna ocasión Ares, el dios de la guerra fue seducido por ella, lo que desató los celos de Afrodita, quien la condenó a enamorarse en adelante de numerosos jóvenes mortales. Orión, Céfalo, Clito, Ganímedes (antes de ser raptado por Zeus) y Titono, entre otros,fueron llevados a su lecho amoroso.

Con Titono, quien era hermano de Príamo, rey de Troya, Eos decidió vivir el resto de su vida. Por tal motivo, solicitó los favores de Zeus para que le otorgara la inmortalidad a su amante. Zeus accedió gustoso e hizo de Titono un ser eterno, pensando que eso la mantendría alejada de la tentación de seducir nuevamente a Ganímedes. Eos, por error o falta de concentración, olvidó pedirle a Zeus que su consorte conservara, al mismo tiempo y para siempre, la juventud y la belleza.Con el tiempo, el lento pero inexorable envejecimiento del inmortal Titono fue haciéndose insoportable para la siempre hermosa divinidad. El impetuoso amante de otro tiempo se mostraba enjuto y arrugado, había perdido su dentadura y apenas conservaba una voz chillona, desagradable e inentendible. Eos decidió enviarlo lejos de su presencia y lo confinó en una habitación aparte. Al pasar del tiempo, se cuenta que, apiadándose de él, lo liberó convirtiéndolo en cigarra.

La mitología latina, que adoptó a la mayor parte de las divinidades del panteón griego, cambiando sus nombres, pero conservando casi de manera integral sus atributos, se apropió de Eos, transformándola en Aurora. El mito romano sobre los primeros momentos del amanecer tiene también, según Georges Dumézil, una clara influencia de la India védica, donde a Usas, la Aurora India, se le asignan funciones de madre o partera del día.

Fueron los romanos los que establecieron, de manera contraintuitiva y a diferencia de otras civilizaciones antiguas, nos dice Dumézil, el inicio del día justo en la mitad de la noche. De esta forma, la oscuridad nocturna era dividida en dos partes: la primera parte, la que se insinúa en el crepúsculo al ocultarse el Sol, era considerada como la noche mala. Pero, en lo más profundo de la negrura, la noche cambiaba su naturaleza y se transformaba de la malvada asesina de la luz, en buena noche, porque en su seno se empezaba a gestar el nuevo día. El día iniciaba en ese justo momento porque el Sol aparecía de manera embrionaria en la matriz de esa oscura pero bondadosa madre.

La Aurora era la deidad que recibía al naciente sol. Era partera y madre sustituta cuya primera función era amamantar al recién nacido. La Aurora, la que disipaba las tinieblas, era conocida también por los romanos como Mater Matuta, nombre latino del que se derivan palabras como mañana, matutino, etc. Escribe Dumézil: “la Aurora, al disponer sólo de un breve momento, no puede generar ella misma al sol, sino que únicamente lo acoge después de que otra entidad de la misma índole que ella lo ha gestado; el hecho también significa que la Aurora y la madre real del sol, quienquiera que sea ella, colaboran en armonía.”

En el calendario festivo de los romanos, el 11 de junio estaba dedicado a la Mater Matuta. La fiesta de la Matralia, así se le denominaba, se realizaba justo antes del solsticio de verano. A partir de esa fecha y hasta el solsticio de invierno la Aurora se volvía un tanto perezosa. La oscuridad de la noche empieza a ganarle a la luz del día y la Aurora se levanta con retraso diario y progresivo en el horizonte. Los rituales y danzas de la fiesta tenían el fin de animar y fortalecer a la diosa en su ardua lucha contra el avance de la amenazante oscuridad.

El rey romano Servio Tulio (578-534 a.C.) y el dictador Marco Publio Camilo (445-365 a.C.) eran devotos de la diosa Aurora y mandaron construir en Roma un templo para ella. Camilo le profesaba una devoción especial, de tal forma que, no libraba batalla alguna, sino era en el preciso momento del despuntar el alba, porque creía que tenía el favor de la diosa.

La aurora como figura poética o metafórica se utiliza normalmente para significar momentos de renovación de la esperanza. Cuando se dejan ver algunos signos de retroceso de una etapa oscura y nefasta, de la vida personal o social. Los primeros instantes en que las tinieblas, que nublan la razón, comienzan a disiparse y la visión se torna más clara. Algunos textos védicos, dice Dumézil, comparan a las auroras con guerreros que luchan contra la hostilidad de la negrura de la noche. “La Aurora, hija del cielo, ha llegado con la luz. Así como un arquero valiente ahuyenta a los enemigos, ella hace retroceder las tinieblas, tal como un rápido conductor de carro de guerra.

La parte positiva del significado auroral es desafiada por Federico García Lorca,quien propone un lado negativo de la llegada de la luz matinal. La iluminación del mundo que trae diariamente la mañana deja ver su podredumbre. Es como si súbitamente nos diéramos cuenta de todo lo despreciable e inmoral que existe en la realidad y que antes no veíamos por tener en los ojos una venda oscura. En su poema La Aurora, nos remite al Nueva York decadente que él observa claramente.

La aurora de Nueva York tiene

cuatro columnas de cieno

y un huracán de negras palomas

que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime

por las inmensas escaleras

buscando entre las aristas

nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca

porque allí no hay mañana ni esperanza posible.

Bienvenida La Aurora de México. Espero que logre conjugar, en el ejercicio libre e independiente del periodismo, ambos lados del significado luminoso: que sea un espacio donde podamos ver la realidad como es, sin condescendencia con el poder o con intereses que “chapotean en aguas podridas”; pero, al mismo tiempo,una señal de esperanza de que el oscurantismo autoritario y populista que padecemos puede llegar a su fin, si se ejerce una crítica inteligente, propositiva y esclarecedora.