El cristal, inhalado, fumado o inyectado, suma adictos en todo el país, resulta la droga con mayor alza y el precio más bajo en México
El cristal, inhalado, fumado o inyectado, suma adictos en todo el país, resulta la droga con mayor alza y el precio más bajo en México

Xóchitl tiene 21 años, su cuerpo de niña sufrió una maduración obligada por los embarazos; es madre de dos menores y es adicta al cristal desde los 14, al igual que sus hermanos gemelos. En la calle donde vive, rodeada de familiares en su mayoría, en los seis meses recientes al menos cuatro personas han tenido que ser internadas en centros de adicciones que cobran al menos mil 100 pesos a la semana por su atención.
Es la realidad de San Bartolomé, una comunidad rural a 10 minutos de Apaseo el Alto, Guanajuato y del país donde cada semana es posible ver a un nuevo vecino enganchado a la droga más barata y accesible hasta el momento.
A nivel nacional, el consumo de cualquier droga pasó de 10.3% en 2016 a 14.4% en 2025, mientras que en la ingesta de cualquier droga ilegal hubo un aumento al pasar de 9.9 a 13.1%, en el mismo periodo según la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2025.
La historia de Xóchitl con las drogas inició con la mordida de un perro cuando tenía 11 años. Aquella lesión la obligó a tomar analgésicos fuertes el mismo día en que sus hermanos gemelos, de 19 años, eran internados en un centro de rehabilitación por consumo de esa variante de metanfetamina.
Una década después, hace apenas una semana ella acaba de ser ingresada a la fuerza a uno de los cuatro centros de rehabilitación que operan en la zona de Corregidora, Querétaro. Su primera droga fue el cristal. Siete años bastaron para que la sustancia barata y devastadora que se vende en dosis de 20 pesos en municipios del interior del país terminara por arrebatarle el control.

“No se da uno cuenta a la primera, pero dejan de comer, salen todo el tiempo, no paran en todo el día, no les ve uno ni la sombra. Se la pasan en la calle, claro buscan la droga. Hasta en una ocasión tuvimos que ir a quitarle al niño más pequeño de uno de los lugares donde le venden la porquería”, cuenta Came, su madre, una señora de 42 años que ha tenido que privilegiar su propia vida y la de sus dos nietos, de 3 y poco más de un año, frente a la de su hija.
La historia de Xóchitl no es una excepción. Es el reflejo de una tendencia que, pese a cuatro campañas nacionales de prevención y cuatro versiones de programas de becas orientadas a atender las causas sociales de la delincuencia, no ha sido contenida desde 2020. Las cifras oficiales muestran que el consumo de metanfetaminas —cuya variante más común es el cristal— sigue en aumento, mientras la rehabilitación no alcanza a cubrir la demanda.
En la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2025, el consumo de cristal, presenta una tendencia al alza en el Estado de México, Puebla, Morelos, Tlaxcala, Hidalgo, Querétaro y Guanajuato. La prevalencia de consumo de sustancias ilícitas en esa región centro pasó del 9.1% al 14.1% entre 2016 y 2025.
A pesar de cuatro campañas nacionales de prevención —la más reciente anunciada para 2026— y del discurso que vincula programas sociales y becas con la contención del delito, la realidad muestra que más jóvenes consumen y menos logran rehabilitarse de forma sostenida.
Came y Julio su esposo desconocen las campañas, pero “no creo que ayuden en mucho, los que venden están aquí. Los malos vienen y se apropian de algún terreno y cuando menos te das cuenta ya les están vendido a tus vecinos, a tus hijos”, dicen antes de alistar el papel de baño, la toalla sanitaria y el jabón que le llevarán a Xóchitl en la visita inicial tras su internamiento.
En los últimos años la demanda de tratamiento ha crecido exponencialmente en diversas partes del mundo. En el caso de México, en la última década la demanda aumentó en un 416%, ya que actualmente más del 40% de los pacientes solicitan atención para el tratamiento por consumo de metanfetaminas, según se lee en el reporte 2024 de la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones.
Eso se completa con los datos emitidos por la red nacional de atención de Centros de Integración Juvenil, A.C. (CIJ), en el sentido de que las solicitudes de tratamiento para el consumo de metanfetaminas como droga de impacto, también ha mostrado una tendencia ascendente desde el 2011, en donde la demanda para el consumo de drogas derivadas de metanfetaminas era de aproximadamente el 4%, elevándose para el 2020 por arriba del 37%.
Se mantuvo “estable durante el periodo por la pandemia de COVID-19, esto puede estar relacionado a las restricciones de movilización y desplazamiento en la mayoría de los lugares, las medidas de confinamiento implementadas y el cierre de diversos centros de convivencia social que dificultó el acceso a la mayoría de las drogas recreativas incluyendo la metanfetamina”, dice el informe.
Posterior a la pandemia “hubo un ligero descenso, pero a partir de 2023 repuntó hasta llegar al 35% para el año 2024, posicionándose de nueva cuenta como la droga de mayor demanda de tratamiento en la red de atención” de los Centros de Integración Juvenil.
En municipios como Apaseo el Alto o en la zona limítrofe con Querétaro, los centros de rehabilitación privados y anexos comunitarios operan al límite de su capacidad, con ingresos forzados y sin seguimiento integral posterior.
El gobierno federal cuenta con reportes de que el consumo de metanfetaminas ya supera al del fentanilo. En la conferencia matutina del 10 de febrero pasado, la presidenta Claudia Sheinbaum reconoció que, con base en diversas fuentes, la droga que más había aumentado era precisamente la metanfetamina. Alertó que se trata de una sustancia química producida con componentes incluso “venenosos”, altamente adictiva y generadora de severos daños a la salud.
“Después del fentanilo, vamos a ir a una campaña muy importante para metanfetaminas”, anunció. Reiteró que esta droga se consume más que el fentanilo en México y que su administración reforzará la estrategia preventiva, sumando a las becas y programas sociales mayores apoyos para evitar que los jóvenes se acerquen a grupos delictivos y a las drogas.
Para Xóchitl la realidad aún se ve cuesta arriba. Dejó a sus dos hijos al cuidado de familiares mientras intenta superar la dependencia. Su historia expone el vacío entre la política pública anunciada y el impacto real en comunidades donde la droga está al alcance de cualquier bolsillo.
Contacto