Los que a diario nos quieren convencer de que la presidenta Sheinbaum “va a cambiar”, se va a “soltar las ataduras” que le dejó López Obrador, engañan o se autoengañan.
No hay tal vuelco en la enseñanza pública porque hayan quitado a un afiebrado triquitraque.
A Marx Arriaga lo quitaron de una dirección de la Secretaría de Educación Pública por retar a la presidenta y hacer de su oficina una suerte de auditorio Che Guevara.
Arriaga acusó a Mario Delgado de fraguar cambios en el “nuevo modelo educativo” para “privatizar la enseñanza”, pero su diatriba llevaba como destinataria a Claudia Sheinbaum.
Nadie que ojee la biografía de incongruencia y servilismo de Mario Delgado puede siquiera imaginar que tenga arrestos para hacer cambios estructurales en la educación pública sin que se lo ordenen.
La preocupación de Delgado está -o debería estar- más cerca de librarse de un futuro proceso penal por delincuencia organizada para financiar campañas políticas y asegurar su futuro personal, que en idear modelos educativos alternativos.
El sábado la presidenta Sheinbaum enfrió a los claudistas que no pertenecen a Morena pero se desviven por estar cerca del poder.
Los libros de texto y el modelo educativo van a seguir porque son parte de la transformación, dijo.
El “modelo” y los contenidos no son otra cosa que exaltación de la lucha de clases, apología de la violencia y la división de los mexicanos entre “nosotros y ellos”.
La presidenta también profesa esa ideología que ha hecho pedazos a los países que, por las malas o por la vía democrática, llegaron al socialismo marxista.
A Arriaga se le apartó del cargo por indisciplina, no por la promoción del resentimiento y del modelo socialista desde la infancia.
Algo similar ocurre contra el ex consejero jurídico de la Presidencia, Julio Scherer Ibarra, al que Fernández Noroña quiere encarcelar por “desleal”.
Al senador no le importan ni el delito ni el crimen organizado que gobierna en parte del país, como expone Scherer Ibarra en el libro escrito con el periodista Jorge Fernández.
Scherer debe ir a prisión porque “rajó”. Denunció el crimen y por tanto es un desleal y ése si es motivo para encarcelarlo.
A Alejandro Gertz no lo corrieron de la Fiscalía General de la República por fabricación de delitos contra una señora inocente, sino porque es poco confiable para manejar el caso del huachicol fiscal que involucra a altos mandos de la Marina y del partido Morena.
Gertz “cayó para arriba”: le dieron la embajada en Londres sin ningún propósito diplomático más que comprar su silencio.
Y en la fiscalía (“autónoma”) pusieron a una abogada de probada lealtad a sus jefes y con disciplina de partido.
La exhibida que le dio el gobierno al dirigente morenista Andrés López Beltrán no es porque les incomode su súbita riqueza que lo lleva a las más sofisticadas tiendas de Texas o de Tokio.
A López Beltrán lo exhibieron por irrespetuoso con la presidenta.
Lo mismo a otros dirigentes del partido gobernante que derrochan dinero y exhiben la falsedad de la pobreza franciscana que alardean como base de su superioridad moral.
Ya hay suficientes evidencias para dejar de ilusionarse con que la presidenta Sheinbaum ya casi se convierte en demócrata, ya mero es liberal, está a punto de volverse partidaria de la libre empresa y de la igualdad ante la ley.
(Lección adicional del caso Arriaga: así de difícil va a ser sacarlos del poder cuando pierdan las elecciones).
