El fantasma de Monroe y sus implicaciones para México

Tampoco es que se pudiera hacer mucho, pero la ingenuidad es una mala consejera. Donald Trump nunca ocultó sus impulsos radicales, se tenían pronósticos de lo que podría ser su segundo mandato y ya están a la vista.

La presentación de la Estrategia de Seguridad Nacional del gobierno de Estados Unidos ilustra en cambio de profundidad, en donde las ideas liberales ya no son el centro de acción de la Casa Blanca.

Donald Trump se distancia de Europa, aún más, porque considera que en el viejo continente imperan políticas que llevarán a la decadencia, y en particular las que se refieren a la migración los derechos humanos y las que devienen de los parámetros democráticos y del respecto a la ley. Para Trump, hay que corregir lo que considera amenazas al espíritu de occidente.

En Berlín, hace unos meses, el vicepresidente JD Vance arremetió contra valores europeos fundamentales y acusó a los liberales de tibieza y de caer en la trampa de lo inclusivo. Había llegado un nuevo sheriff.

Acaso por ello, en el documento de la Estrategia se advierte que ven con simpatía a las expresiones patrióticas, como pueden serlo Vox en España, Alternativa para Alemania, — en un país que conoce y padeció un delirio criminal, el nazismo—, y la Agrupación Nacional de Marine Le Pen en Francia.

Pero otro rasgo de lo que propone Trump es la una actualización de la doctrina Monroe, aquella que guió la accionó de los Estados Unidos en el pasado y que tuvo

consecuencias funestas en algunos países de América Latina, donde inclusive se llegó al extremo de conspirar para derrocar a presidentes electos democráticamente como Salvador Allende en Chile, en 1973.

Trump no es un historiador, es decir, no tiene una idea muy acabada del pasado, pero sí se puede pronosticar que irá utilizando las distintas herramientas con que cuenta para imponer su proyecto, uno en el que Estados Unidos sea el gran guardián de la región, marcando las reglas, premiando y castigando, según convenga.

Para México es una coyuntura por demás delicada, donde lo prudente, al menos de inicio, es continuar tratando de no importunar al magnate para evitar represalias. Una vía que celebran muchos, y no sin razón, pero que tampoco será viable en el largo plazo, porque los intereses de la Casa Blanca, en estos momentos, distan mucho de los que pueden imperar en Palacio Nacional, más allá de las muestras de pragmatismo a las que se ha llegado.

Se extraña, por supuesto, aquella época en que México era un líder regional y, como tal, podía interactuar con mayores márgenes de acción. En la actualidad, y por los daños generados a la política exterior, hay que ser modestos en las expectativas.

Al mismo tiempo, hay que tener claro que el retorno de James Monroe no augura nada bueno, porque aquello de América para los americanos, sólo ha significado padecimientos desde el sur del río Bravo hasta la Patagonia.