Diésel para apenas 160 horas, calderas con reserva de dos días y medicamentos esenciales completamente agotados, el escenario que narra 14yMedio de la crisis en la isla
Diésel para apenas 160 horas, calderas con reserva de dos días y medicamentos esenciales completamente agotados, el escenario que narra 14yMedio de la crisis en la isla

Cuba atraviesa uno de los momentos más críticos de los últimos años. Sin anuncios oficiales claros ni un nombre definido para la crisis, hospitales, transporte, producción agrícola y turismo comienzan a detenerse en cascada ante una escasez extrema de combustible, electricidad, alimentos y medicamentos.
En testimonios recabados por 14yMedio, trabajadores de la salud y otros sectores describen un país que opera al límite, mientras el Gobierno apela nuevamente a la consigna de la “resistencia creativa”.
La falta de combustible ha provocado ya la paralización de cirugías, la suspensión del traslado de pacientes ambulatorios y una alarmante escasez de medicamentos básicos.
“Contingencia o emergencia, yo no sé”, relata a 14yMedio una empleada provincial de Salud Pública que pide anonimato. “Porque el presidente habló y habló, pero no dijo nada. Le preguntaron todo y todo lo evadió”.
La trabajadora se refiere a la comparecencia del presidente Miguel Díaz-Canel, realizada el jueves pasado, en la que el mandatario reconoció la gravedad de la situación energética tras el endurecimiento de las sanciones estadounidenses a Venezuela el 3 de enero, pero sin anunciar medidas concretas. “Vamos a vivir tiempos difíciles”, afirmó, reiterando su ya habitual llamado a la “resistencia creativa”, según recoge 14yMedio.
Mientras el Gobierno promete que “un grupo de ministros y viceministros” informará medidas “poco a poco”, en hospitales del país ya rige una lógica de supervivencia.
“Todas las cirugías y la transportación de enfermos de otros municipios se encuentran canceladas por falta de petróleo”, detalla la trabajadora entrevistada por 14yMedio. En su hospital, dice, se están otorgando altas anticipadas y revisando cada recurso disponible para reducir el consumo.
El panorama es desolador: diésel para apenas 160 horas, calderas con cobertura de dos días y medicamentos esenciales completamente agotados.
“No hay petidina para aliviar los dolores del parto, ni analgésicos, ni antihipertensivos, ni suero hidratante, ni sondas, ni gasas; todo esto está en cero”, afirma. Los antibióticos también escasean y, aunque la Empresa Comercializadora de Medicamentos (Encomed) prometió un envío, “no tenía combustible para traerlo”.
En otros centros de salud, como un policlínico de Ciego de Ávila, el personal ha sido advertido de que solo se mantendrá el cuerpo de guardia y que deberán llevar lámparas recargables para trabajar, según testimonios citados por 14yMedio.
La crisis no se limita al sistema de salud. En Sancti Spíritus, la zafra azucarera está detenida y el transporte estatal ha sido paralizado, de acuerdo con un trabajador del central Melanio Hernández. En redes sociales, activistas y usuarios reportan el cierre de hoteles en los Cayos, con huéspedes reubicados de manera abrupta, como ocurrió en el hotel Valentin Perla Blanca, en Cayo Santa María, según denunció Adelth Bonne Gamboa.
En Isla de la Juventud, la Dirección Provincial decretó la paralización total del servicio eléctrico en edificios estatales durante el fin de semana, el cierre de internados educativos y la suspensión del cien por ciento de las inversiones del territorio, incluidas las de la Empresa Eléctrica, Agricultura y Pesca.
En Las Tunas, se suspendieron las salidas de ómnibus nacionales hacia varias provincias, manteniéndose solo una ruta diaria a La Habana, según informó el medio local Tiempo 21.
En medio de la incertidumbre interna, circulan versiones sobre presencia naval extranjera en la región que reflejan el clima de tensión.
A finales de enero, informes abiertos de seguimiento marítimo y redes especializadas indicaron que varios barcos de la Marina de Estados Unidos —incluyendo buques anfibios y otros activos— fueron desplazados hacia aguas al norte de Cuba en las semanas siguientes a la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro, lo que reconfiguró la presencia militar en el Caribe.
Estos movimientos, reportados por medios independientes de seguimiento naval, señalan que embarcaciones como el USS Iwo Jima y el USS San Antonio permanecieron en posiciones estratégicas frente a la costa norte de la isla tras participar en la operación regional, y que pueden ser reubicadas según las circunstancias, aunque no hay anuncio oficial de intervención ni de misiones concretas más allá del reposicionamiento militar.
Estos reportes han sido interpretados por analistas y pobladores como una señal del nivel de presión geopolítica en el área, relacionada con la crisis del combustible y las sanciones sobre Venezuela y Cuba. No existe confirmación oficial de que estos buques estén “dispuestos a actuar” directamente en apoyo o contra el Gobierno cubano, ni de que haya órdenes para realizar operaciones de ayuda humanitaria o militares contra la isla.
Por otra parte, Estados Unidos ha emitido alertas de seguridad para Cuba que mencionan la escasez de combustible, agua y alimentos, lo que da cuenta del reconocimiento norteamericano de la situación crítica que enfrenta la población civil. Mientras que, desde México, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció este viernes que enviará de inmediato ayuda humanitaria a la isla y que ve opciones para el envío de petróleo, algo que EU le exigió no hacer.
Aunque en el discurso oficial se descarta la temida “opción cero” —un escenario de colapso total del suministro energético—, la expresión circula con fuerza entre la población.
Incluso en la prensa oficial comienzan a aparecer preguntas incómodas. La periodista Elsa Ramos, de Escambray, cuestionó abiertamente la prioridad en el reparto del combustible, la venta en dólares y la falta de respaldo real en los sistemas de pago, obligando a funcionarios locales a admitir medidas extremas como la producción de pan con leña o el traslado de leche en varios termos para ahorrar combustible.
El transporte privado queda sin garantías de combustible; la economía se ralentiza aún más. Mientras tanto, el discurso oficial insiste en que “jamás” se ha llegado a cero.
En la vida cotidiana, sin embargo, médicos sin medicamentos, pacientes sin traslado, familias sin electricidad ni alimentos suficientes perciben otra realidad.
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