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Fidel está muerto

Ginebra, Suiza.- Había una vez una isla soleada rodeada de tiburones. Las mujeres, los hombres y los niños que vivían ahí eran muy felices. De día trabajaban en los hoteles de lujo, en los bares, restaurantes donde cientos de turistas abarrotaban las playas, conquistaban amores y se dedicaban a gozar la vacación.

Mientras tanto los campesinos se dedicaban al cultivo y a la cosecha de la caña de azúcar.

Como en cualquier sociedad capitalista, había diferencia de clases, pero en la isla los contrastes eran muy marcados. Había quien lo tenía todo y los más vulnerables no tenían nada. Así literal. Como se dice: "No tenían en dónde caerse muertos".

Un día un comandante muy inteligente, observador y tremendamente ambicioso supo leer el sufrimiento del pueblo y lideró una revolución para derrocar al dictador.

Le decía a su pueblo exactamente lo que necesitaba escuchar. Los empezó a enamorar con sus ideales de justicia social, igualdad y libertad. Como era un hombre muy carismático y simpático se ganó a pulso el cariño de su pueblo. ¿Qué podía salir mal?

Un buen día la gente se empezó a quejar, pero a los que confesaban su decepción los metió a la cárcel, sin el debido proceso. Incluso los torturaba. Se aferró al poder y cada vez se volvió más amargo, más ruin y sobre todo más inhumano.

Las mujeres y los hombres más jóvenes decidieron dejar la isla y hacerse a la mar con embarcaciones precarias; muchos otros, desesperados, intentaron cruzar a nado intentando llegar a una península de un país que los acogía con los brazos abiertos. Muchos murieron en el intento. Se empezó a correr la voz y miles dejaron su tierra, su gente, su comida, sus amigos, su música y dejaron también buena parte de su alegría, pero no les importó. Querían huir a cielos más seguros y encontrar mejores condiciones de vida.

Miles de personas en otras partes del mundo se enamoraron del régimen castrista porque era un sueño y los sueños son perfectos, entre ellas la presidenta Claudia Sheinbaum, quien fue educada bajo los principios comunistas. El expresidente Andrés Manuel López Obrador siguió los pasos de Fidel Castro, uno de sus héroes. Era tal su pasión que incluso cantaba la trova cubana en cuanto evento o fiesta podía. Como Fidel, AMLO era carismático, supo hablarle al pueblo hasta que fue elegido presidente del país y en cuanto llegó al poder se quitó la máscara. Al contrario de la dictadura cubana, no se quedó en el poder y lo heredó a Sheinbaum, su mejor alumna y protegida. Ella tiene la misión de heredar el poder a uno de las vástagos de su mentor.

Ahora, el gobierno de Washington amenaza con hacer algo parecido a lo que hizo en Venezuela con la extracción de Nicolás Maduro. Su objetivo es llevarse al pez gordo.

Sheinbaum insiste en seguir creyendo en sus ideales y obedece las órdenes de su mentor hasta que llegue al poder el hijo de López Obrador, se repartan el país y que todo quede "en familia".

Ahora Sheinbaum peca de inocente o de distraída, quiere seguir manteniendo al régimen castrista, pero ya le dijo el inquilino de la Casa Blanca que se cuide, parece que no se ha dado cuenta de que Fidel Castro murió hace mucho tiempo y de aquellos sueños de igualdad, solamente quedan polvo y cenizas.

¡Despierta, Claudia! Más de cien millones de mexicanos están esperando que tomes el timón y empieces a gobernar. ¡Es urgente!