El Museo del Prado que, a diferencia de otros museos, fue el primero en ser edificado para ser una pinacoteca, alberga la mejor colección del “pintor de pintores”: Diego Velázquez y Silva.
Pintores hay muchos, y muchos muy buenos, pero sólo unos pocos pueden ser llamados Maestros Universales de la Pintura; Leonardo, Tiziano, Velázquez, Rembrandt, Goya, Van Gogh, Picasso y un muy breve etc.
Estos artistas no sólo crearon enormes obras de arte, además cambiaron la forma en que se percibe el mundo y el arte, marcando hitos en la pintura universal.
La obra de Velázquez es muy extensa y quisiera centrarme en dos obras:
Las meninas. Este cuadro, buque insignia del Museo del Prado, me atrevo a decir que, junto con la Gioconda de Leonardo, son los cuadros más famosos del mundo, y tienen en común un halo de misterio que nos fascina y conmueve.
Hay dos figuras centrales en el cuadro a las que con toda intención no difumina: la infanta Margarita y él mismo. El resto de los personajes (incluido un perro) tienen un tratamiento pictórico casi cercano al impresionismo.
Él mismo se muestra en una postura poderosa, vestido con la Cruz de Santiago, ennoblecido, de frente, pintando a los reyes que se reflejan en el espejo del fondo. Es un cuadro de una enorme complejidad, que, si no ha tenido la oportunidad de verlo en persona, le sugiero visite la página del Museo del Prado (museodelprado.es) y verá de qué hablo.
El segundo cuadro es un retrato del Papa Inocencio X, considerado por muchos el mejor retrato de la historia, cuando Inocencio X lo vio, exclamo: ¡Troppo Vero! (¡demasiado real!). Ya no sólo es la técnica insuperable de Velázquez, es cómo consigue captar toda la personalidad y fuerza del personaje, la mirada y la expresión son impresionantes. Nunca se te olvidará.
Se exhibe en la Galería Doria Panphliji, en Roma (doriapampilhi.it).
Pintores de la talla de Dalí, Goya, Bacon, Coubert, Picasso y Manet reprodujeron sus obras y fue éste último quien lo intituló como “el pintor de pintores”. ¡Vaya un homenaje!
Pancho Graue
