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Davos: de las amenazas de Trump a una nueva respuesta de Europa

Después del encuentro, Giorgia Meloni y Friedrich Merz confirman una alianza que mueva a Europa a “elegir si quiere ser protagonista de su propio destino o sufrirlo”

La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, con su homologo alemán, Friedrich Merz.

El encuentro de Davos 2026, celebrado bajo el lema "El espíritu de diálogo", ha sido uno de los más complejos que se recuerde. Marcado por una intensa agenda geopolítica, con un enfoque particular en la seguridad ártica, la inteligencia artificial y el reordenamiento del comercio global, ha dado lugar –según diversos analistas – a un nuevo orden mundial o, por lo menos, a una recomposición de las alianzas estratégicas.

El Foro Económico Mundial (WEF) centró sus discusiones en varios ejes estratégicos: cooperación en un mundo fragmentado. Innovación responsable a gran escala: El impacto de la IA generativa en la productividad y el riesgo de una "burbuja de IA". Nuevas fuentes de crecimiento. La transición energética y el avance de las redes eléctricas, así como inversión en las personas: Mejora de la resiliencia de la fuerza laboral global.

Y de todo lo anterior se habló, y mucho, sin duda, pero cuando intervino el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la atención se concentró inevitablemente en su política de "América Primero" y sus aspiraciones (obsesiones) sobre Groenlandia.

Trump en el centro

Acerca de este “pedazo de hielo” como lo ha llamado en varias oportunidades, prefirió disminuir la tensión asegurando a sus interlocutores europeos: "no usaré la fuerza para obtenerla", pero insistió en que EE. UU. debe tenerla por seguridad estratégica, proponiendo un "escudo de defensa antimisiles" llamado The Golden Dome.

El mandatario norteamericano dio cátedrá sobre su arma más socorrida hasta el momento: "Los aranceles son mi herramienta preferida... y funcionan". No obstante, tras reunirse con Mark Rutte (OTAN), anunció un acuerdo para suspender el arancel del 10% a aliados europeos previsto para febrero, una señal más de distención que los mercados aplaudieron lléndose inmediatamente al alza.

Por supuesto, no dejó de hacer propaganda sobre los éxitos de su administración: "Bajo Biden, EE. UU. sufrió la pesadilla de la estanflación... tras un año de mis políticas, tenemos crecimiento extraordinario" (aunque en ninguno momento de su primer periodo ni de este ha alcanzado un mayor crecimiento que el de Biden, 6.1%, que tuvo una alta inflación ciertamente).

Muy en su estilo, lanzó una crítica severa a la inacción europea y la dependencia de EE. UU. "No debemos -dijo- aceptar que Europa sea solo una ensalada de potencias pequeñas y medianas aderezada con enemigos (…) Europa parece perdida, tratando de convencer al presidente de EE. UU. de que cambie".

Carney: el reconocimiento de la ruptura

El discurso de Mark Carney marcó el principal contrapunto en el encuentro de Davos. El actual Primer Ministro de Canadá hizo un diagnóstico fundamental: el orden basado en reglas ha llegado a su fin; declaró que el mundo no atraviesa una simple transición, sino una "ruptura" total y que vivimos una competencia brutal entre grandes potencias donde la geopolítica no tiene restricciones.

Su llamado a las potencias medias (como lo es su país, Canadá) es puntual: dejen de "fingir" que el viejo sistema funciona; actúen juntas para formar coaliciones de "geometría variable" según intereses y valores comunes, en lugar de depender de una sola superpotencia. "Las potencias intermedias -dijo- deben actuar juntas porque, si no estamos en la mesa, estamos en el menú".

Juzgado, por su discruso, como el mayor estadista del encuentro, Carney encaró abiertamente a Trump al decir que "Canadá no vive gracias a Estados Unidos; Canadá prospera porque somos canadienses". En medio de muchas otras críticas al orden que parece plantear Donald Trump con sus imparables exigencias a todo el mundo, Carney abogó por la autonomía estratégica, sugiriendo que la soberanía ahora se basa en la capacidad de resistir presiones externas y coacciones económicas.

Pero lo de Carney va más allá de la retórica. Sus anuncios ha que leerlos con atención: tiene un plan para fortalecer a Canadá desde dentro como base de su proyección exterior, el cual incluye inversiones en energía, inteligencia artificial y minerales críticos; se comprometió a duplicar el gasto en defensa para finales de la década y, entre otras cosas,  defendió el compromiso con nuevos socios estratégicos, incluidos China y Qatar.

Construir otra Europa, lejos de los “matones”

Emmanuel Macron dio un adelanto de la reacción europea ante los manotazos de Trump en Davos:  reafirmó la postura de soberanía europea frente a las tensiones con Trump y fue al grano: "Preferimos el respeto a los matones".

Pero el viernes, al cierre del encuentro en Davos, el protagonismo lo han ganado la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y el canciller alemán, Friedrich Merz, quienes se reunieron en Villa Doria Pamphili, en Roma.

Ahí han sellado lo que parece un conjunto de acuerdo y propuestas que aspiran a trascender el ámbito bilateral, no sólo cambiando el tradicional eje París-Berlín, sino redefiniendo las prioridades de la Unión Europea en lo que hace a competitividad y  defensa. Acompañados de buena parte de sus respectivos gabinetes, redactaron un documento que será presentado en el Consejo Europeo extraordinario del 12 de febrero.

Meloni dijo no sólo de qué va el documento, sino cuál es el reto al que tiene que responder Europa: “La coyuntura histórica particularmente compleja en la que nos encontramos impone a Europa elegir si quiere ser protagonista de su propio destino o sufrirlo”.

En su perspectiva común, Italia y Alemania apuntan que: “Europa se está quedando atrás” y “el momento de actuar es ahora”. A muchos les va a parecer un plan conservador, porque en el terreno energético, como lo apunta Meloni,  “una cierta visión ideológica de la transición verde ha puesto de rodillas a nuestras empresas sin incidir en la protección del medio ambiente. Hay márgenes para corregir los errores y evitar el declive industrial, pero se necesita coraje”.

Para Meloni se trata de construir “una Europa con autoridad, consciente de su propio papel en el mundo, capaz de ser competitiva en el escenario global, capaz de reforzar su propia autonomía estratégica con pragmatismo, concreción y sentido común (…)”, del mismo modo que resalta “la importancia fundamental de un fuerte vínculo transatlántico entre Europa y Estados Unidos, basado en valores comunes e intereses compartidos”, haciendo “respetar el derecho internacional, incluidos los principios de integridad territorial y soberanía”.

No es el discurso de Carney, pero se le acerca bastante en lo que tiene que ver con una posible  respuesta de las potencias medias para estar en la mesa y no en el menú.