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¿Estados Unidos contra Europa?

Uno de los más graves desafíos planteados por la incertidumbre y el nuevo desorden internacional desatados por la intemperancia de Donald Trump es el quiebre de la alianza transatlántica, que mantuvo la seguridad y alentó la prosperidad mundial por más de siete décadas.

Ya desde su primer periodo presidencial (2017-2021) había mostrado su animadversión contra la UE y la OTAN por una intensa hostilidad retórica y por intentos de diplomacia transaccional. En la Estrategia Nacional de Seguridad de EU, presentada en diciembre pasado, Europa aparece de forma despectiva como un lastre en términos securitarios, por su insuficiente gasto militar en abuso de EU; económicamente en declive; “amenazada como civilización”, por la inmigración ilegal y el “socavamiento de las libertades políticas” a causa del wokismo.

Ahora, el presidente estadounidense ha pasado de las palabras a los hechos y amaga con invadir militarmente y anexionarse la isla de Groenlandia, que forma parte del reino de Dinamarca, histórico aliado de EU y miembro de ambas. En una carta dirigida al primer ministro, Trump indica que su ambición expansionista sobre Groenlandia tendría que ver con la negativa a concederle el Premio Nobel de la Paz, lo que da cuenta de su extravío. Lo que alarma, no obstante, no es su salud mental, sino que tiene el poderío para hacer su voluntad despótica. Por lo pronto anunció que aplicará aranceles de 10% a siete países europeos -Alemania, Dinamarca, Finlandia, Francia, Países Bajos, Reino Unido y Suecia- a partir de febrero, incrementándolos a 25% en junio si persisten en negarse a la anexión de Groenlandia.

La respuesta europea ha sido firme y contundente. Los países arriba mencionados, junto con Suecia, enviaron contingentes militares a la isla danesa en el Ártico en “misión de reconocimiento”, pero con el claro propósito de apoyar la soberanía danesa y europea sobre el territorio en cuestión. Canadá se ha sumado a esa disposición y su primer ministro, Mark Carney, aseguró, de manera inédita y por demás asombrosa, que su país estaría dispuesto a ir a la guerra contra su vecino meridional, en defensa de la integridad territorial danesa.

Una cosa es amenazar a Panamá con arrebatarle el canal transoceánico y otra arriesgar un enfrentamiento militar con Europa. Más allá del escenario catastrófico de una guerra entre los antiguos aliados de la OTAN, que a nadie complacería más que a Vladimir Putin, una guerra comercial entre la UE y EU podría precipitar una recesión global de proporciones dantescas.

La Europa de los 27 con un producto bruto de 19.5 billones de dólares en 2024, es la segunda economía mundial más grande sólo después de Estados Unidos en términos nominales. Su capacidad de infligir un daño considerable a la economía y empresas estadounidenses o ejercer represalias arancelarias salta a la vista. Evidentemente, una escalada entre ambas superpotencias económicas tendría consecuencias devastadoras para la economía global. Lejos de ceder la fractura entre ambas partes parece profundizarse. Ayer mismo en un discurso pronunciado en Davos, Suiza, el mandatario francés, Emmanuel Macron, advirtió que: “Europa es un socio confiable, pero no está dispuesto a recibir amenazas de un matón”.