Desde las aulas de Grantham: Notas sobre políticas públicas y malas ideas.
“No existe dinero público, solo hay dinero de los contribuyentes”
Margaret Thatcher
Este lunes el Fondo Monetario Internacional actualizó sus pronósticos de crecimiento para 2026. Llama la atención que incrementó de 2.1% a 2.4% la tasa de crecimiento de Estados Unidos, sin embargo dejó en el mismo nivel (1.5%) la correspondiente a México. En virtud de los múltiples vínculos entre ambas economías se esperaba que, si el pronóstico en Estados Unidos mejoraba, también el de nuestro país. Lo anterior no se cumplió.
Es evidente que existen dudas sobre el desempeño de la economía mexicana por más que los voceros empresariales se empeñen en decir lo contrario. Basta con observar la realidad.
De acuerdo con la información disponible en el INEGI, la inversión presenta tasas anuales decrecientes desde septiembre de 2024. Además, el indicador global de confianza empresarial del INEGI muestra una caída de 15% desde julio de 2023 a la fecha.
La inversión pública también presenta niveles históricamente bajos. Mientras en 2009 el gobierno federal invirtió 6% del PIB, ahora el gobierno apenas llega a 2%. Y aquí lo preocupante no es nada más los niveles tan bajos que presenta, sino la calidad de esta inversión. La inversión pública debe ser detonadora de inversión privada, al proveer infraestructura productiva y social, suficiencia energética y servicios básicos. En el caso de México, llevamos siete años destinando los recursos de los contribuyentes a fantasías y ocurrencias. La inversión pública de los últimos años ha estado concentrada en la Refinería de Dos Bocas, el Tren Maya, el Tren Interoceánico, y a la maroma para cancelar el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México y construir el AIFA. Estos proyectos, que no aprobarían un análisis costo-beneficio, merecen análisis aparte. No sólo no han contribuido a apalancar la inversión privada, sino que representan una carga no cuantificada y no revelada de subsidios eternos para mantenerlos en funcionamiento.
Con respecto a la inversión extranjera directa, los resultados, si bien son un poco mejores, tampoco pueden compensar el estancamiento de la inversión total. Para empezar, la inversión extranjera directa representa solamente 17% de la inversión total, y de ésta solamente 16% representa nuevas inversiones. La mayoría de la inversión extranjera directa es reinversión de empresas ya asentadas en México. Por supuesto que la reinversión de utilidades de empresas extranjeras no es despreciable, pero no necesariamente indica que somos un destino atractivo para nuevas inversiones.
Para generar empleos es fundamental que la inversión privada tenga confianza en México. Hoy parece no tenerla y la inversión pública tampoco está ayudando. El estancamiento de la inversión responde a múltiples factores, pero sin duda uno de los principales es la reforma al Poder Judicial recientemente implementada. Ésta representa una gran incertidumbre. El Estado de derecho es fundamental para generar confianza. La inversión privada necesita libertad y jueces independientes.
Alguien tiene que explicarle al gobierno que una economía centralmente planificada con jueces a modo no atrae inversión… atrae a trasnochados.
