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El desplome del edificio de la democracia mexicana

Parecidos. Los demócratas mexicanos se parecen a Sísifo, el rey de Corinto sometido por los dioses de la mitología griega al castigo de empujar cuesta arriba una enorme roca, sólo para ver a rodar el peñasco cuesta abajo, a punto de llegar a la cima, y ser obligado a reiniciar el ascenso con la gran roca por delante. Y así, por toda la eternidad.

Los dioses de palacio.  El detalle está en que esta vez los dioses reunidos anteayer en palacio, no parecieron conformarse con dejar rodar la piedra hasta el valle, como lo hicieron los vengativos dioses del Olimpo con la roca de Sísifo, sino que perpetraron un plan para desplomar el edificio construido en décadas de un lento, penoso ascenso de la democracia.

El desplome. Y es que, contra lo que frecuentemente se cree, no vamos rodando suavemente de regreso al sistema de partido dominante del pasado priista, desde donde, por cierto, se inició el ascenso (pesado, sinuoso) a la construcción democrática. Asistimos, más mal, al desplome arrollador de aquellos avances, en ruta a un régimen autocrático con pretensiones de perpetuidad: sin condiciones reales para la competencia democrática y a merced de la arbitrariedad y la impunidad de los gobernantes. Un régimen pro dictatorial desconocido en la historia política de México. Más inclinado a los regímenes despóticos del populismo contemporáneo, con matices bananeros de nuestros trópicos.

Nuevos ‘Sísifos’. A diferencia del ascenso a la democracia en el pasado, en que los ‘Sísifos’ por la democracia avanzaban a través de negociaciones y llegaban a acuerdos con el régimen para reformar el sistema, la presidenta Sheinbaum dijo ayer en la mañanera que no tendría diálogo con la oposición para sacar adelante su contrarreforma. No. No es lo mismo. Pero no hay duda de que nuevos ‘Sísifos’ encontrarán la ruta para reiniciar el ascenso.