La soberbia, además de necia, enceguece. En el contexto global de retrocesos democráticos, el gobierno mexicano podría abstenerse de exhibir su vocación autoritaria y esperar al desenlace de algunos de los regímenes a los que busca imitar. Se advierte temerario insistir en reformar el marco legal electoral en medio de las redefinciones geopolíticas mundiales, de la inestable relación con el gobierno de Estados Unidos, de la víspera de la revisión del tratado comercial que le ha dado a México prosperidad y de la disminución en los índices de admiración y confianza en el gobierno que arrojan las encuestas.
Una puede entender que los argumentos técnicos y políticos no hagan mella en las convicciones morenistas -tan transformadas ellas- y que se sincronicen para alardear su decisión por restaurar el modelo de partido único. De voz única, de mirada única, de camino único.
Tienen prisa por cancelar las alternancias y por sellar el acceso de voces disidentes a los espacios institucionales donde todavía conviven y se expresan oposiciones y gobiernistas. Es el sueño de todo poder que busca eternizarse. Borran su propia historia, entierran sus exigencias de cuando fueron izquierda y, con otras fuerzas políticas, abrieron las puertas a la representación plural y democrática en congresos y gobiernos. Sin contrapesos ni representación plural, la jefa del Ejecutivo (y del Legislativo y del Judicial) se encumbra en la cima de un gobierno con todo el poder que elude cualquier responsabilidad.
Reducir las prerrogativas a los partidos políticos normalizará el uso de dinero negro en las campañas políticas. En los procesos electorales de 2024 parecieron insuficientes los 5, 494 millones de pesos que recibió Morena como prerrogativas. Ahí siguen las huellas de recursos “complementarios” de fuentes tan diversas como ilegales. Con autoridades como las que hoy los vigilan y castigan, la impunidad está garantizada.
Lo barato sale caro, se dice. Los servicios y obra pública bajo los criterios de austeridad republicana, con la participación de empresas de reciente creación vinculadas a personajes políticos, lo ha demostrado. Rediseñar al INE para abaratar la organización electoral augura resultados similares a los del sector salud.
Mientras, el debate público alrededor de esta reforma evidencia contradicciones en el discurso oficial. Confunde escuchar que se apele al diálogo entre naciones, cuando esa práctica despareció de la relación con otras fuerzas políticas y con la ciudadanía victimizada; se clama por la intervención de la ONU, cuando se han ignorado sus señalamientos en materia de derechos humanos y advertencias sobre la reforma judicial. El coordinador para la reforma presume que se aprobará sin el consenso de los partidos políticos…
Es cierto, en el mundo se está cumpliendo el anhelo obradorista: la ley está dejando de ser La Ley. Si Morena ya se agandalló la voluntad popular para sobrerrepresentar al electorado en el Congreso y es dueño también de la mayoría de votos en el INE y en el TEPJF, ¿cuál es la urgencia para cambiar la ley?
Con los ejemplos que tenemos sobre la eficacia de los gobiernos morenistas, la operación de esta reforma podría correr la suerte de los trenes del bienestar o del Plan México, aunque merece transitar por la misma ruta que los respiradores, la vacuna patria o el auto eléctrico Olinia.
