...

El gobierno quiere su Ministerio de la Verdad

Como en la novela de George Orwell (1984), el gobierno está en ruta de construir una instancia burocrática para controlar lo que debemos saber y cómo debemos pensar.

La función del Ministerio de la Verdad era uniformar a la población en la mentira y falsificar el pasado para controlar el presente. Y quien controla el presente controla el futuro.

En ese proceso hemos ido entrando desde 2018 y podría culminar con un reglamento ordenado por la presidenta para que al pueblo se le diga la verdad.

Demasiado lejos está yendo lo que comenzó en diciembre de 2018 con el acoso y guerra reputacional contra periodistas y dueños de medios de comunicación que ponían bajo escrutinio la verdad oficial.

Claudia Sheinbaum anunció que ya está cerca la fecha en que se presentará un reglamento para proteger a las audiencias de la información falsa.

Bajo el pretexto de combatir falsedades que difunden los medios de comunicación, se elabora un reglamento que va a proteger a las audiencias.

Oficializar la censura, con el pretexto de defender los derechos informativos del pueblo.

Lo reiteró, de manera textual, en su mañanera del pueblo de ayer martes:

“Y ya viene un proceso en donde, en unos meses, tienen que tener todas las garantías para que cualquier ciudadano o ciudadana, pues pueda decir: 'no me estás informando adecuadamente'. Entonces, ya viene eso también, como parte del cambio a la ley que se hizo”.

¿Así o más soviético?

¿Quién va a administrar la verdad? El gobierno. Como en la antigua Unión Soviética.

Hasta cuando casi todos los medios se uniforman en el equipo de aplausos sincronizados a su grandeza, se molesta.

Le provoca lipiria el “casi”. Quiere unanimidad en el ejercicio de hacerle la ola.

Ayer la presidenta se enojó contra los periódicos que no comparten su percepción de las cosas, porque, según dijo:

“Vale la pena ver los periódicos de hoy, ¿no?, porque no saben, no supieron ni qué decir, los que no nos… los que no están de acuerdo con nosotros, con la llamada de ayer. Porque, repito, ellos esperaban que hubiera un problema para decir: ‘ya ven, la presidenta no tiene la capacidad. Estados Unidos tiene que intervenir’”.

Todos los autócratas son paranoicos, es cierto, aunque nuestra presidenta los rebasó por algún extremo.

Las cabezas (titulares) de ayer en casi todos los periódicos de la Ciudad de México versan sobre una misma frase: Sheinbaum descarta intervención militar en México después de hablar con Trump.

¿Qué le molestó entonces?

¿Que uno solo no le haya dado el titular principal?

Sí, quiere unanimidad.

Y “qué bueno que hay medios alternativos”, dijo ayer, en referencia a los propagandistas que la presidencia disfraza de periodistas para que le hagan preguntas para lucirse: “¿qué opina de los traidores a la patria, presidenta?”

Destruyeron el Instituto de Acceso a la Información Pública (INAI) para ocultar la verdad de sus gastos y trastupijes transexenales, y crean una suerte de Ministerio de la Verdad imaginado por Orwell.

¿Quién lo va a dirigir? ¿La señorita Vilchis? O alguien por el estilo.

Sin duda hay mucha información falsa -la más nociva es la que sale de las conferencias mañaneras desde hace siete años-, pero no vengan con el embuste de que el gobierno decidirá qué es verdad y qué es mentira de lo que dice la prensa.

En un solo párrafo lo explicó en Nexos el periodista y académico Raúl Trejo Delarbre: "A las distorsiones y mentiras no se les corrige con medidas de censura y mucho menos si el Estado intenta designarse como interventor de la verdad”.