Desde hace años visito con frecuencia la gran Stupa Bön para la Paz Mundial en Valle de Bravo.
Cada vez que llego a este espacio sagrado siento que algo dentro de mí encuentra nuevamente su centro, como si la prisa, las preocupaciones y el ruido de la ciudad se quedaran unos pasos atrás, permitiéndome escuchar con claridad aquello que realmente importa. He llegado a pensar que este lugar funciona para mí como una pila espiritual.

Cada visita recarga mi energía y cuando comienza a agotarse entre las exigencias de lo cotidiano… sé exactamente a dónde regresar para encontrarla de nuevo. La construcción de la Stupa y cada uno de sus elementos posee un profundo significado espiritual. Lejos de ser una estructura tan imponente, es una representación simbólica del camino hacia el despertar de la conciencia. En la parte más alta se encuentra la estrella, símbolo de la sabiduría suprema, debajo aparecen los dos cuernos que representan la unión inseparable entre el método y la sabiduría, dos principios fundamentales en la tradición Bön, más abajo se encuentra la sombrilla, que simboliza la protección espiritual, una invitación a recordar que siempre existe refugio para quien busca paz interior.

En la explicación simbólica de la Gran Stupa Bön, las cuatro grandes compasiones suelen describirse mediante cualidades de los elementos y de la naturaleza, para expresar que la compasión debe extenderse a todos los seres sin límites:
- Incesante como la tierra: siempre presente, sosteniendo y acogiendo a todos sin distinción.
- Continua como el agua: fluyendo constantemente, adaptándose y llegando a donde se necesita.
- Penetrante como el fuego o el sol: capaz de iluminar, transformar y disipar la oscuridad del sufrimiento.
- Ilimitada como el cielo (o el espacio): sin fronteras, abarcando a todos los seres por igual.
Continuando con el análisis de esta imponente estructura, el recipiente vacío simboliza el espacio, ese vacío fértil donde todo puede surgir y transformarse, y las cuatro franjas que lo rodean representan los cuatro inconmensurables: ecuanimidad, alegría, amor y compasión.
Mientras me alejo por el mismo camino de terracería que me condujo hasta aquí, comprendo que nunca regreso exactamente igual, algo cambia. Tal vez sea la manera de mirar, la forma de respirar o la capacidad de poner en perspectiva aquello que parecía tan inquietante unas horas antes.
La Stupa permanece inmóvil en la montaña, el movimiento interior sucede en quien la visita.

Si alguna vez sienten que el ruido interno es demasiado fuerte, sigan el camino, aunque parezca largo, y por momentos duden si van en la dirección correcta.
Al final de la ruta no sólo encontrarán una Stupa, tal vez se reencuentren a ustedes mismos.
Nos vemos en el próximo destino
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