Dos lecciones iniciales para México. La primera es que el desmantelamiento institucional y el abandono de la inversión pública tienen consecuencias catastróficas.
Dos lecciones iniciales para México. La primera es que el desmantelamiento institucional y el abandono de la inversión pública tienen consecuencias catastróficas.
Lo ocurrido en Venezuela se ha comentado extensamente, interpretando lo que significa para el orden mundial, elucubrando sobre el siguiente objetivo de Estados Unidos, o los movimientos de China o Rusia. México debe hacer lecturas más pragmáticas para posicionarse estratégicamente frente al inminente reordenamiento de nuestro hemisferio en lo político, sí, pero también en lo energético, comercial y las decisiones de inversión.
Sabemos que Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo —303 mil millones de barriles— pero su capacidad productiva está prácticamente destruida tras décadas de abandono y abuso institucional sistémico. Reconstruir esa infraestructura requiere una inversión de entre 10 y 100 mil millones de dólares, en un esfuerzo sostenido durante al menos cinco años. Si se estabiliza la situación política y se logra generar incentivos y certidumbres suficientes para inyectar capital a PDVSA y detonar la inversión, ¿cómo se afectaría nuestro sector energético? ¿Qué modificaciones de política energética tendríamos que hacer para anticipar y no perder inversión ni mercado? ¿Qué oportunidades se abren a México en este y otros sectores?
Por ejemplo, mientras el petróleo acapara los reflectores y las decisiones más inmediatas, la minería ofrece una potencial recuperación más acelerada. Se estima que, con la inversión adecuada, la producción de oro, hierro y bauxita podría reactivarse en tres años. Aquí radica una oportunidad hasta ahora subestimada para proveedores internacionales de equipo, servicios y logística.
Aunque los atractivos retornos potenciales son proporcionales a los riesgos. La inestabilidad política y la incertidumbre jurídica son variables que determinan las decisiones de inversión.
Dos lecciones iniciales para México. La primera es que el desmantelamiento institucional y el abandono de la inversión pública tienen consecuencias catastróficas. Es una advertencia para la toma de decisiones en el sector público. Si el petróleo venezolano “inunda” el mercado en los próximos años, el ya estrecho margen de acción de Pemex se reduciría más, complicando cualquier estrategia de reconstrucción. El éxito venezolano abriría un frente de riesgo para las finanzas públicas mexicanas.
La segunda es que se nos puede abrir una interesante ventana de oportunidad. Si Venezuela necesita al menos cinco años para convertirse en competidor serio en sectores estratégicos, México tiene al menos cinco años para garantizar certidumbre jurídica, desarrollar infraestructura necesaria y consolidar exitosamente el Plan México. Es además una coyuntura propicia para un acercamiento entre el sector público y la iniciativa privada, y repensar los términos del capítulo energético ante la revisión del T-MEC.
Los primeros en entrar al caótico mercado venezolano lograrán hacerse de posiciones sumamente rentables, si bien asumiendo riesgos equivalentes. ¿Nos interesa? Para México competir por esas posiciones podría ser un error estratégico. La decisión más eficiente es aprovechar para poner en orden nuestras capacidades internas, y consolidarnos como el destino confiable y predecible que Venezuela no será en lo inmediato.
Nuestra verdadera competencia no es por pozos petroleros, sino por ofrecer estabilidad, confianza y seguridad ante la incertidumbre. Venezuela muestra qué pasa cuando se pierde la certidumbre. México puede aprovechar esa lección mientras otros pagan por aprenderla.