Diseño estratégico. Llegó la hora de tomar en serio -y de tomar providencias- ante el curso de la retórica de Trump sobre México. No bastan el demagógico soberanismo de la narrativa oficial ni la cita de alguna estrofa del himno nacional. Todo indica que lo dicho por el presidente de Estados Unidos en el G7 no es una bravata más contra nuestro país ni una muestra más de su menosprecio por la presidenta Sheinbaum. Tampoco estamos, al parecer, ante la simple repetición de un discurso y, por tanto, carente de valor informativo. Cada vez más se perfila como parte de un diseño estratégico. Lo que se advierte esa una acumulación de mensajes en el mismo sentido para establecer -en la opción estadounidense y mundial- la convicción del peligro que representa para el mundo un régimen como el mexicano, dominado por los cárteles, con una presidenta asustada.
Consenso de la elite global. No es cualquier cosa la virtual actitud favorable a esa visión por parte de los más relevantes líderes globales: lo de las potencias de mayor peso político, económico y militar del planeta. En efecto, el G7 ha acordado considerar el terrorismo como la mayor amenaza planetaria, al tiempo que los cárteles mexicanos han sido ubicados por Washington como organizaciones terroristas.
A un paso. Y es muy corto el trecho que va del efecto de la acumulación de mensajes de Trump sobre México en las convicciones y las actitudes de los grandes poderes de la globalidad, al riesgo de comportamientos unilaterales de Washington en el mismo sentido respecto a nuestro país. Es un paso muy corto si, como parece, los mensajes acumulados de Trump sobre México no constituyen un simple juego de sadismo retórico, un bullying de Estado, sino que obedecen a un diseño estratégico. Cuidado con una distracción futbolera.
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