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El gran elector en Morena

La presidenta es un mar de contradicciones y su postura ante el narco es una más. Aplaude al gabinete de seguridad por su trabajo ciertamente eficaz, pero deja intacta la vía por donde se fusionan Morena y el crimen organizado.

Trump dice que Sheinbaum está asustada, algo sabrá que nosotros no sabemos.

El punto es que el método de selección de candidatos de Morena convierte al partido gobernante en una cantera de narcopolíticos.

Ayer solicitaron licencia algunos senadores de Morena para disputar en sus estados, contra otros morenistas, el cargo de “defensores de la cuarta transformación”, o algo así, que posteriormente los hará candidatos a un gobierno estatal.

Las campañas para la elección federal inician en marzo y terminan en mayo.

¿De dónde obtienen dinero los morenistas para financiar precampañas ilegales de ocho meses, y luego otra, ya legal, de tres meses?

Las campañas cuestan muchísimo dinero y ningún precandidato morenista -o de cualquier partido- tiene recursos para financiar casi un año de presencia en medios, pagar activistas que promuevan el voto a su favor, transportes, hoteles, pintura, oficinas…

Y pagan a los líderes de sus clientelas electorales, a las que también deben cortejar con beneficios y obsequios que también suman.

Ahí está el dinero del huachicol fiscal, del robo de petróleo, de los Chapitos, del CJNG, los Ardillos, la Familia, Guerreros Unidos, los Rojos, La Barredora

La señora Andrea Chávez lleva alrededor de dos años en campaña para ser la candidata y ganar la gubernatura de Chihuahua.

¿Con qué dinero?

Félix Salgado Macedonio pidió licencia al cargo de senador para lanzarse a la campaña y ganar el cargo partidista de “defensor de la cuarta transformación”.

¿Con qué dinero?

Salgado no es un hombre rico y va a gastar una millonada para no obtener la candidatura al gobierno estatal, porque los estatutos de su partido se lo prohíben.

Es decir, invertirá un dineral para luego endosar su apoyo a alguien que le convenga y le garantice peso e influencia en el estado que hoy gobierna su hija Evelyn.

¿Cuánto dinero corre para sostener esos arreglos políticos que luego, obviamente, se tienen que pagar?

La presidenta tiene un buen gabinete de seguridad, pero de manera oficial protege, con los recursos del Estado, a gobernadores que llegaron al poder en alianza con cárteles del tráfico de cocaína y de fentanilo.

Y alienta precampañas de casi un año, o más, que para ser eficaces necesitan recurrir al dinero del crimen organizado.

El narco, los extorsionadores, huachicoleros y demás giros de la delincuencia ponen dinero para que gane su candidato, y luego ponen funcionarios en las áreas clave de los municipios y gobiernos estatales.

Así controlan contratos de obra pública, padrones con nombre y dirección de los ciudadanos, las finanzas y la seguridad pública.

Claudia Sheinbaum ha mostrado voluntad y equipo para combatir criminales, y qué bueno.

Pero deja intacta la fusión del narco y su partido, Morena, y protege a gobernadores y autoridades surgidos de esa simbiosis.

“Tiene miedo”, dice Trump. Algo sabrá.

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