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Benedetti, las redes y la risa de la presidenta

Sonrisas mañaneras. Una grabación con cifras impresionantes de escuchas en redes, de buena factura, pero con injurias prescindibles a la presidenta Sheinbaum, tropieza con un acierto, como escribía el columnista León García Soler. La pieza parte de la observación de la sonrisa presidencial de las mañaneras, por cierto, frecuentemente forzada. Una presidenta no habituada a la sonrisa espontánea, sometida a evidentes tensiones y obligada por sus ‘consultores de imagen’ a sonreír ante el asiduo cuestionamiento, sólo alcanza a veces a dibujar una mueca tenebrosa.

Encuadre. Pero así se tarte de sonrisas bien logradas, sirven, describe la chica de la grabación (con ritmo rapero y buenas rimas) para encuadrar falacias, burlas sangrientas a denuncias sangrantes, descrédito y mofa a periodistas e intelectuales críticos, minimizaciones de graves problemas y descalificaciones a las madres buscadoras de sus hijos, al lado de exoneraciones de indefendibles delincuentes de su establo.

‘Cruella’. Un popular poema de Mario Benedetti enumeraba, hace más de medio siglo, injusticias y otras lacras. Y remataba con el estribillo: “seré curioso / señor ministro / de qué se ríe”. Hoy, la pregunta por la sonrisa del poder arroja a la audiencia respuestas perturbadoras del poder mismo. Hay aquí algo de caricatura siniestra, como la sonrisa de Glenn Close cuando planea sus maldades como Cruella de Vil, en 101 dálmatas.

Radiantes. Las malogradas sonrisas presidenciales hacen recordar una disonancia de los informativos de las televisoras en la década de 1970. Aparecieron entonces en pantalla mujeres leyendo lo que les ponían en el teleprónter con la instrucción de lucir su mejor sonrisa. No sólo fue un uso denigrante de la mujer como objeto decorativo, sino que sus audiencias fueron víctimas de mensajes desquiciantes. Chicas contando horrores de guerras, masacres, fraudes, dramas familiares, con gestos radiantes de felicidad: otra forma de banalización del mal de Arendt.

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