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El declive demográfico. ¿Tendencia mundial irreversible?

La demografía mundial está pasando de manera acelerada de un vertiginoso crecimiento a un declive generalizado, con una tasa de fecundidad mundial en torno a 2.3 nacimientos por mujer, apenas por encima del nivel de reemplazo de 2.1. Más de la mitad de las economías mundiales experimentan actualmente una fecundidad inferior a la de reemplazo, lo que conlleva el envejecimiento de la población y la contracción de la fuerza laboral.

El desplome de las tasas de fecundidad por debajo del nivel de reemplazo de 2.1 nacimientos por mujer comenzó en Europa Occidental a mediados del siglo XX. El primer país del que se registró una fecundidad inferior al nivel de reemplazo fue Luxemburgo, en 1950.

Poco después, en la antigua Yugoslavia, se afianzaron descensos permanentes de la fertilidad.  A fines de los años 1960, países como Dinamarca y Finlandia siguieron, y desde entonces no han vuelto a superar el umbral de reemplazo. El declive demográfico se expandió regionalmente: Asia desarrollada y América del Norte cayeron por debajo de las tasas de reemplazo en los 80, y la población total de Japón entró en una fase de franco declive alrededor de 2010. China alcanzó una fertilidad por debajo del reemplazo en 1991. América Latina y Asia meridional: Tailandia cayó por debajo del reemplazo en 1989, México en 2015 e India en 2019.

Naciones Unidas proyecta que la población mundial total alcanzará su punto máximo en aproximadamente 10,300 millones de personas a mediados de la década de 2080, antes de comenzar un descenso gradual.

Aproximadamente 63 naciones (incluidas China, Alemania, Japón y Rusia) han alcanzado ya sus picos de población y están disminuyendo precipitadamente. América Latina no escapa a esta tendencia; se espera que Brasil alcance su cenit poblacional entre 2025 y 2054, después de lo cual comenzará la despoblación. México atraviesa también una rápida transición demográfica, caracterizada por una disminución de la tasa de fecundidad total (TFT) y el envejecimiento de la población. La TFT se ha desplomado de casi 7 hijos por mujer en 1970 a alrededor de 1.6 en la actualidad.

Sólo África subsahariana seguirá siendo la excepción, ya que se estima que las altas tasas de fertilidad representarán más de la mitad del crecimiento de la población mundial en los próximos 30 años.

El alto costo de vida, la falta de guarderías y la inestabilidad económica sistémica hacen que criar familias numerosas sea cada vez más difícil. El mayor acceso a la educación, y los anticonceptivos han incentivado a que las mujeres posterguen la maternidad y tengan menos hijos.

Entre sus principales consecuencias cabe destacar el envejecimiento acelerado. Hacia 2080, los mayores de 65 años o más superarán en número a los niños menores de 18 años, y las personas de 80 años o más superarán en número a los bebés a mediados de la década de 2030. Una fuerza laboral cada vez menor amenaza la viabilidad de los programas prestaciones sociales y pensiones, lo que lleva a los economistas a plantear soluciones como el aumento de la edad de jubilación o el uso de la IA y la automatización para mantener la productividad.

Aunque una población más pequeña reduce la presión sobre el consumo de recursos naturales, el declive demográfico podría tener también efectos negativos sobre el medio ambiente, como la despoblación de las zonas rurales, con riesgos añadidos de erosión de los suelos e incendios forestales.

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