En el círculo más cercano de la presidenta han pasado días enteros discutiendo el tono correcto de cada mensaje público, conscientes de que cualquier frase puede detonar una reacción de Washington
En el círculo más cercano de la presidenta han pasado días enteros discutiendo el tono correcto de cada mensaje público, conscientes de que cualquier frase puede detonar una reacción de Washington

El ataque militar de Estados Unidos en Venezuela y las amenazas explícitas del presidente Donald Trump de extender esa estrategia contra los cárteles mexicanos han encendido señales de alarma en el gobierno de Claudia Sheinbaum. En Palacio Nacional, el clima es de cautela extrema y cálculo político.
Así lo retrata una nota de The New York Times, firmada por las periodistas Paulina Villegas y James Wagner, que describe a una presidencia mexicana inquieta ante la posibilidad de que Washington actúe de manera unilateral en territorio nacional.
Desde que Trump volvió a la Casa Blanca, México ha estado bajo presión para intensificar su ofensiva contra el narcotráfico. Durante meses, funcionarios mexicanos interpretaron las amenazas de intervención militar como parte de la retórica del mandatario estadounidense.
El golpe en Venezuela cambió esa percepción. En una entrevista con Fox News, Trump afirmó que Estados Unidos “comenzaría ahora a atacar a los cárteles”, mencionando de forma directa a los de México.
Según relatan Villegas y Wagner, Sheinbaum y su círculo más cercano han pasado días enteros discutiendo el tono correcto de cada mensaje público, conscientes de que cualquier frase puede detonar una reacción La declaración cayó como una advertencia concreta, no como una exageración discursiva desde Washington.
Un alto funcionario mexicano citado por el diario reconoció que la operación en Venezuela fue leída como una señal inequívoca. “Nos hizo pensar que esto es más serio de lo que creíamos y que México podría ser el siguiente”, admitió bajo condición de anonimato.
La presidenta ha intentado recorrer una línea extremadamente estrecha. Ha rechazado la intervención militar estadounidense en Venezuela y ha reiterado la defensa de la soberanía mexicana, pero ha evitado un lenguaje que pueda interpretarse como un desafío directo a Trump.
Aun así, la prudencia no evitó fricciones. Horas después de que Sheinbaum citara en la red X un pasaje de la Carta de la ONU que prohíbe el uso de la fuerza contra otros Estados, la Casa Blanca respondió con un video en el que Trump afirmó que ella es “una buena mujer”, pero que “los cárteles gobiernan México”.
Ese intercambio llevó al gobierno mexicano a replantear su estrategia de comunicación. Un asesor citado por el Times resumió el nuevo enfoque: proceder con absoluta cautela, incluso en los gestos simbólicos.
El nerviosismo no se limita al plano diplomático. Dentro del gabinete existen desacuerdos sobre cuán firme debe ser la postura pública frente a Estados Unidos, por el temor a represalias económicas y comerciales.
Trump ha vinculado de manera reiterada la migración irregular y el tráfico de fentanilo con la imposición de aranceles. Una amenaza militar abierta, advierten funcionarios mexicanos, podría darle aún más poder de presión en negociaciones clave.
Sheinbaum ha intentado minimizar públicamente el riesgo de una incursión armada, pero reconoció que la designación estadounidense del fentanilo como arma de destrucción masiva y de los cárteles como organizaciones terroristas podría ofrecer a Trump “más elementos” para justificarla.
En paralelo, su gobierno ha optado por responder con hechos. México ha reforzado la vigilancia fronteriza, intensificado detenciones, decomisado grandes cargamentos de drogas y entregado a Estados Unidos a decenas de traficantes de alto nivel.
También ha ampliado el intercambio de inteligencia y la coordinación formal en materia de seguridad, además de alinearse con Washington en decisiones comerciales recientes.
Como subrayan Paulina Villegas y James Wagner, el mensaje interno en el gobierno mexicano parece claro: hablar poco, actuar con firmeza y ganar tiempo. Tras Venezuela, la amenaza ya no se percibe como retórica electoral, sino como un riesgo real que mantiene a México en vilo.