En México hay algo que no tiene ni pies ni cabeza; cuando vemos las manifestaciones de la CNTE, la reacción de las autoridades, la caída en picada de la calidad de la educación, la inseguridad y el poder del crimen organizado, el lamentable estado de la economía y finalmente escuchas el incomprensible discurso gubernamental de “nuestra soberanía” queda la impresión de que el gobierno vive en una realidad paralela muy diferente a la nuestra.
La educación y la formación de talento de una nación deberían estar en función de las necesidades e intereses de los alumnos y el desarrollo integral del país. Está claro que los maestros, en todos los niveles, son una parte fundamental del proceso educativo y como gremio tienen el total derecho a la defensa de sus intereses. Pero no son los dueños de la educación.
Los padres, que tienen todo el derecho de decidir la educación de sus hijos, ¿por qué no tienen ninguna voz?
Los ciudadanos, que pagamos los impuestos que sostienen la educación pública, somos simples espectadores de este disparate educativo.
En un mundo que necesita cada vez personas más y mejor educadas, para formar sociedades más justas, equitativas y democráticas, México está ofreciendo a sus niños y jóvenes una educación pública ideologizada y de ínfima calidad.
¿Puede sorprendernos que muchos de estos niños y jóvenes, ante la falta de educación y oportunidades, sean fácilmente reclutados por el irrefrenable poder del crimen organizado?
México había logrado dejar de ser el paraíso de empresas maquiladoras, que emplean mano de obra poco calificada y mal pagada. Ahora, el discurso populista y la ineficacia de la 4T están comprometiendo el futuro de varias generaciones que enfrentarán retos laborales inéditos.
El desarrollo y crecimiento económico de un país no sólo dependen de factores económicos, los inversionistas también analizan a profundidad el nivel educativo y la disponibilidad de personas con preparación formal y, por supuesto, este indicador también es muy relevante a la hora de evaluar la marca país.
La educación es el camino para que una sociedad informada y libre de prejuicios elija a buenos gobernantes y viva una democracia plena y responsable.
¿Cómo podemos apelar al respeto a las autoridades si desde los gobiernos de la 4T se apoya a personajes como Marx Arriaga y organizaciones porriles como la CNTE? No es posible recordar un peor secretario de Educación que Mario Delgado.
Un país condenado por su gobierno a una educación que genera pobreza y marginación no puede ser soberano.
Un país que por falta de educación y oportunidades entrega a sus niños y jóvenes al crimen organizado no puede ser soberano.
Un país donde el gobierno ve en las personas más vulnerables como materia prima electoral no puede ser soberano.
Los ciudadanos depositamos en el gobierno, a través del voto, la soberanía nacional, no para el discurso placero de la 4T, sino para defender los mejores intereses del país. ¿De qué soberanía habla la presidenta?
Pancho Graue
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