La destrucción de Sinaloa

El combate a la inseguridad pública tampoco constituye una prioridad. Durante los últimos 18 meses, la entidad ha sido campo de guerra entre grupos del narcotráfico.

Diversas entidades del país han sufrido la calamidad de tener gobiernos faltos de pericia, de visión, de interés o de capacidad para impulsar procesos de desarrollo regional. Pero sin duda, un caso particularmente evidente es Sinaloa. Ahí el deterioro económico, social y político avanza con preocupante rapidez.

Desde 2021 en Sinaloa se inició un cambio de régimen. Morena ganó la gubernatura con amplia mayoría. Pero ya trascurridos 4 años, ¿Qué beneficios ha traído esta nueva hegenomía partidista? Aún no se observan avances en economía, y persisten añejos problemas de pobreza y desigualdad social. Además, la corrupción y la inseguridad pública siguen lastimando fuertemente a la población.

El primer gobernador de Morena llegó al cargo con enorme poder político. Mucho más que sus antecesores. Ganó con holgura las elecciones, y logró el control absoluto del Congreso del estado y de los municipios. También, tiene a los senadores y diputados federales, y el gobierno federal es del mismo partido. Más respaldo político sería casi imposible.

¿Para qué ha servido este gobierno estatal emanado de Morena? Los datos oficiales no dejan duda: Sinaloa hoy es de las entidades con menor crecimiento económico en el país. La actividad productiva regional está deshecha y en total abandono. No existe ningún proyecto de desarrollo ni interés por construirlo. Simplemente, impulsar la economía no es objetivo del grupo en el poder.

Pero el combate a la inseguridad pública tampoco constituye una prioridad. Durante los últimos 18 meses, la entidad ha sido campo de guerra entre grupos del narcotráfico. Nada ni nadie ha podido acabar con este conflicto que ya tiene matices de verdadero terrorismo. Las autoridades estatales dejaron toda la responsabilidad en el gobierno federal, y éste dejó claro que pacificar Sinaloa no constituye prioridad nacional.

Hoy, el saldo de inseguridad es escalofriante: 2,200 asesinatos, 3,000 desapariciones, 8,000 robos de vehículos, 3,000 asaltos a comercios, y un gran número de viviendas, empresas o colegios quemados o balaceados. Más de 1,500 empresas han tenido que cerrar, con el consecuente desempleo que eso genera. En ciudades como Culiacán no existe vida nocturna. La gente no asiste a restaurantes, parques, ni centros comerciales. Incluso, hasta evitan viajar por carretera por temor a los asaltos.

Sinaloa está debastado. Su economía es un verdadero desastre y la inseguridad pública aún atemoriza a todos. La inversión privada y la inversión extranjera se alejaron de la entidad, y la oferta exportadora está en franca caída. Pero el gobierno estatal de Morena insiste en que aquí no pasa nada, y publicitan un auge económico que ya no existe.

De esta destrucción nadie está a salvo, ningún sector productivo, empresa, familia está a salvo del deterioro en sus condiciones de vida. La destrucción de esta entidad es prueba contundente de que Morena ha sido incapaz de crear un federalismo moderno, competitivo y con visión de futuro. Así como sucede en otros estados de la república, en Sinaloa Morena ha fracasado rotundamente en su tarea de gobierno.