En esta ocasión quise recorrer mi nuevo destino de una manera diferente. Aprovechando mi estancia en tierras yucatecas, invité a colaborar a un gran amigo y extraordinario fotógrafo, Juan Carlos Lagos.
La razón fue que visitar Yucatán a través de los ojos de un fotógrafo sería descubrir una dimensión que muchas veces pasa desapercibida para el viajero común.
Mientras muchos buscan los sitios más conocidos, Juan Carlos me llevó a observar los detalles que cuentan la verdadera historia de un lugar.
Uno de ellos fue la exposición permanente de locomotoras y vagones ubicada en el Parque de La Plancha. Frente a esas enormes estructuras de hierro es imposible no imaginar el papel fundamental que tuvieron para el desarrollo del sureste mexicano durante el siglo pasado. Son piezas que resguardan la memoria de una región y que hoy permiten a los visitantes conectar con una parte importante de su historia.

Si algo distingue la mirada de Lagos es su capacidad para transformar lo cotidiano en arte.
Entre sus imágenes encontramos una serie de fotomosaicos que retratan puertas de Mérida y de pueblos cercanos. Puertas que hablan sin palabras. Puertas llenas de color, de texturas, de luz y de esas huellas que deja el paso del tiempo. Lejos de ocultar el desgaste, lo convierte en protagonista, revelando la belleza que existe en cada grieta, en cada sombra y en cada capa de pintura que el sol y los años han transformado. Mientras más recorríamos la ciudad, pensaba que un destino se revela por completo cuando alguien nos enseña a verlo con otros ojos.

La técnica del mosaico es una de las firmas visuales del autor. A través de la repetición de imágenes logra crear composiciones que capturan la esencia de un lugar desde múltiples perspectivas. Es un sello que ha desarrollado a lo largo de sus recorridos por México y el mundo, y que hoy se reconoce como una expresión auténtica de su trabajo.
Quizá por eso sus mosaicos encuentran un eco tan especial en Yucatán. Esta tierra posee una profunda tradición artesanal ligada precisamente a los mosaicos, presentes en antiguas casonas, plazas y espacios emblemáticos de la región. Son detalles que hablan del amor por el diseño, de la calidad de los oficios y de una identidad cultural que se conserva con orgullo.

Viajar nos regala paisajes, pero también nuevas formas de observar. Yucatán me recordó que la alegría habita en los detalles: en una puerta colorida, en un mosaico centenario, en una vieja locomotora o en la mirada generosa de quien comparte su pasión.
Gracias, Juan Carlos Lagos, por compartir tu lente, tu sensibilidad y tu manera de contar historias. IG: @photolagosreal
Nos vemos en el próximo destino
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