Liberalismo vs populismo: la batalla del siglo XXI

La libertad es el bien común decisivo. Y la justicia consiste en que cada persona tenga oportunidades reales para vivir, con autonomía, la vida que elija...

En las democracias se libra una batalla entre dos formas opuestas de entender y practicar la política: el liberalismo y el populismo. El liberalismo tiene una premisa básica: la sociedad está compuesta por personas libres e iguales. El populismo, por el contrario, concibe a la sociedad como dos campos enfrentados de manera permanente: “el pueblo” y sus “enemigos”.

El liberalismo, siguiendo la idea de que la nación es una comunidad de personas libres e iguales, se sostiene en tres principios. Primero, la igualdad de ser libres: todos tenemos el mismo derecho a decidir con autonomía cómo vivir y a participar en las decisiones públicas. Segundo, la pluralidad: las personas somos iguales en derechos, pero distintas en intereses, creencias y formas de vida. Esas diferencias desembocan inevitablemente en conflictos. Una de las funciones de la política es resolver esas pugnas de manera pacífica, sin que unas visiones cancelen a las otras. Tercero, la primacía de la libertad: ni la fuerza de la mayoría ni el poder de minorías influyentes pueden suprimir los derechos ni las instituciones que hacen posible la vida autónoma. Por eso, aunque las decisiones son democráticas, la soberanía de la mayoría tiene un límite preciso: no puede acotar las libertades que pertenecen a todos; del mismo modo, ningún poder privado puede imponer su interés particular.

La libertad es el bien común decisivo. Y la justicia consiste en que cada persona tenga oportunidades reales para vivir, con autonomía, la vida que elija.

El populismo, por su parte, al concebir a la nación como dos campos opuestos y en conflicto —uno “bueno” y otro “malo”— también se articula en tres principios. Primero, la supremacía moral de lo que define como “pueblo”: solo quienes lo integran están legitimados para gobernar; si gobiernan sus adversarios, el poder carece de legitimidad. Segundo, la negación de la pluralidad: no reconoce diversidad interna, sino dos bloques homogéneos y enfrentados. En consecuencia, la política no busca resolver conflictos, sino intensificarlos entre los dos polos en disputa. Tercero, la hegemonía del “pueblo”: nada puede limitar su voluntad; si así lo decide, puede nulificar los derechos e instituciones que hacen posible la vida libre.

La voluntad del “pueblo” es el bien supremo. Y su dictado, la justicia.

El liberalismo busca la vida autónoma de cada persona; el populismo, la hegemonía del grupo que identifica como “pueblo”. Su choque se condensa en una disputa vital: independencia versus dominación.

La Aurora de México es un nuevo diario dirigido por Pablo Hiriart. Con rigor profesional, toma partido sin ambigüedades: es liberal y contrario al populismo. Con ese mismo espíritu, cada lunes se publicará Movimiento de Independencia, una columna para defender y repensar el liberalismo del siglo XXI. Su eje será la vida independiente frente al populismo, el imperialismo y la concentración del poder tecnológico y económico. Su lógica: pensar la acción y actuar el pensamiento. Textos breves para abrir debate y motivar la acción. Con trama. Primera temporada: liberalismo contra populismo. Capítulo siguiente: independencia versus dominación.

Ya asoma la Aurora.