La Aurora, por qué y para qué

El periodismo independiente lleva siete años bajo constante presión, amenazas y operaciones de desprestigio...

Hoy nace La Aurora de México, un periódico digital cuya razón de ser es informar y explicar el día a día del acontecer nacional.

Lo hacemos un reducido grupo de periodistas con la convicción de que es necesario abrir nuevos caminos por donde transite la libertad de expresión y se desafíe a la censura que busca imponer en México el pensamiento único.

Nos acompañan cincuenta articulistas, corresponsales y columnistas que de manera solidaria han aceptado escribir para explicar las noticias nacionales e internacionales. Muchas gracias a cada uno de ellos.

El periodismo, como lo entendemos, no sólo es contar el hecho de una manera que responda al clásico “qué, por qué, cuándo, dónde y cómo”, sino que también explique: “¿y eso de qué se trata?” (so what, dicen en inglés). Esa es una de nuestras aspiraciones.

Quienes hacemos La Aurora compartimos los principios de la democracia liberal sustentada en la división de poderes, justicia no politizada, libertad de expresión, libertad de empresa, pluralismo, elecciones con árbitros independientes y respeto irrestricto a las libertades individuales.

Nada de lo anterior tiene sentido si el Estado abdica de su función esencial, que es brindar seguridad personal y patrimonial a los ciudadanos.

Nuestro periódico es independiente. Se financiará con venta de publicidad, aportaciones de los lectores (en los siguientes días estará abierta una cuenta bancaria donde enviar contribuciones), y de quienes estén interesados en apoyar un ecosistema de medios libres.

Surgimos en un momento en que la mentira y la propaganda tienden a consolidarse como los ejes de la relación gobierno-ciudadanía.

Dejar pasar la narrativa falsa del gobierno y su partido, sin contrastar con la realidad y explicarlo a quienes nos leen, sería una posición cómoda y lucrativa, pero después nos vamos a arrepentir.

El objetivo ha sido intimidar a dueños de medios de comunicación, doblegarlos e incorporarlos al equipo de aplausos sincronizados que se extiende por todo el territorio.

A los periodistas críticos se les insulta e intimida desde el gobierno con el uso ilícito de información fiscal, espionaje y una guerra reputacional para dejarlos sin tribuna, sin prestigio, o condenarlos a la irrelevancia.

Quienes se resisten a alinearse con el pensamiento oficial son tratados como una amenaza existencial a la patria, traidores, enemigos del pueblo y les quitan, incluso, el cobijo de la bandera nacional en el Zócalo capitalino.

Asegura el gobierno, contra toda evidencia, que en México existe plena libertad de expresión. Pues bien, vamos a practicarla, ahora desde esta tribuna.

El nombre del diario, La Aurora, lleva un mensaje de esperanza. La hay.

Se inspira en el pequeño periódico republicano de París, del mismo nombre, que a finales del siglo XIX acogió el texto de Emile Zola en defensa de un joven capitán del ejército francés, Alfred Deyfrus, al que se condenó -en una atmósfera cargada de antisemitismo-, con pruebas falsas, por haber entregado información confidencial al ejército alemán.

Zola había sido censurado, de manera sutil, en el gran periódico donde escribía, Le Figaro. Entonces llevó su artículo al jefe editorial de L’Aurore que le dio la bienvenida con una sola petición: él le pondría el título, lo que el consagrado escritor aceptó de buena gana.

Así, lo que llevaba por cabeza original Carta al presidente de la República, se publicó a ocho columnas: J’Accuse…! (Yo acuso…!). Con ese titular, bajo la firma de Emile Zola, el alegato moral del escritor se transformó en una interpelación directa al poder.

Zola y L’Aurore no solo defendían -con éxito- a un acusado en falso, con pruebas fabricadas, sino que defendían a Francia.

De eso, más o menos, va o intenta ir este proyecto editorial: defender todo aquello que nos defiende.

Gracias por su lectura.

Arrancamos.