El eterno retorno

Aunque la clave para enfrentar los malos tiempos y a los malos políticos no la encontré en Disraeli sino en una frase del propio Maurois: “El horizonte es negro, la tempestad amenaza, trabajemos”

Las hojas sueltas se deshacían entre mis manos, giraban en el vacío hasta caer en el piso frío. No son hojas que   s se desprendan con el viento otoñal de la rama de un árbol por la sombra y la falta de agua, sino páginas blancas oxidadas por los años de luz y aire. El lomo desecho, rasgada la tapa gruesa de piel, todo el cuerpo deshojado, leo un libro consumido por el tiempo que se me desbarata entre los dedos: Disraeli, de André Maurois.

El ciclo de la muerte es algo natural, aunque doloroso ya sea que se trate de un ser humano, un árbol o un libro. Lamenté haber abandonado desde el principio la lectura de páginas convertidas en un cadáver de tinta y papel. Era como ver a un cuervo sin alas, un sauce talado, un libro agónico y sin su savia, desarticulado por un rayo destructor. Pero continué después con la lectura del libro, página por página, al recordar que al principio de los tiempos la palabra ya existía.

Un libro puede desaparecer como la Biblioteca de Alejandría entera, pero siempre perdurará el conocimiento y la influencia de la palabra escrita. Ante la superficialidad de los políticos de nuestros días, vacía de contenido, pobre intelectual y moralmente, busqué en las páginas de Disraeli algún faro, una luz sobre políticos visionarios de otra época que tuvieran una preocupación sobre su trascendencia histórica y el papel que debería de desempeñar su país en el mundo.

Aunque la clave para enfrentar los malos tiempos y a los malos políticos no la encontré en Disraeli sino en una frase del propio Maurois: “El horizonte es negro, la tempestad amenaza, trabajemos”. Este es el único remedio para el mal del siglo. También biógrafo de Marcel Proust y de Napoleón, Maurois fue un militar francés que participó en la primera y segunda guerra mundial.

Un escritor que valoró como pocos la reflexión y tener la mente acallada. Escribió los Silencios del coronel Bramble, en torno a la victoria francesa sobre Alemania. “Las palabras más que los hechos separan a los hombres; las alianzas se logran en el silencio y la acción", dijo. Pero quizá lo más asombroso sobre su biografía de Disraeli es descubrir que a diferencia de nuestros días, hubo una época en la segunda mitad del siglo XIX en Inglaterra, en que la vida parlamentaria estaba dirigida por estadistas como Benjamin Disraeli y William E. Gladstone.

Independientemente de su posición sobre el colonialismo, la esclavitud, proteccionismo o la religión, fueron primeros ministros antagonistas: Gladstone, liberal; Disraeli, conservador. Políticos de una inteligencia excepcional, cultos, escritores, internacionalistas y grandes tribunos: Gladstone, solemne, devoto anglicano; Disraeli, judío ingenioso, satírico y frío. Con Gladstone y Disraeli, Gran Bretaña emergió como primera potencia mundial impulsada por la revolución industrial, la industria textil y la locomotora de vapor.

Disraeli y Gladstone dejaron en plena época victoriana un nuevo y más injusto mundo impulsado por los avances tecnológicos que también revolucionaron al agro. En la actualidad, ¿estamos en una nueva época con áreas de influencia repartidas? ¿Qué ideología representan Trump, Putin, Xi Jinping? Capitalismo, fascismo o comunismo. Quizá la mejor respuesta la dio Nina Khrushcheva, profesora de Política Internacional de la universidad The New School de NY, al ironizar que más que a nadie se parecen al Gran Dictador, el personaje creado por Charles Chaplin.

Muchas felicidades para Pablo Hiriart y su gran equipo y larga vida para La Aurora.