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La soberanía del crimen organizado

Ya cuando algunos analistas creían que el gobierno morenista se había alejado del discurso de los “abrazos, no balazos”, del que tanto gustaba su mentor y líder, la presidenta Claudia Sheinbaum vuelve a las bases mismas de esta política de seguridad que en nombre de la no confrontación sembró de cadáveres y desaparecidos al país y extendió los tentáculos de la narcopolítica.

Ahora nos toca verlo puntualmente en Chilapa, una de las poblaciones de la Montaña baja de Guerrero más castigadas por la banda criminal de “Los Ardillos” en los últimos días. Frente al caso, abordado en su conferencia mañanera de este martes por la presidenta Claudia Sheinbaum y el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, declaran que se busca una solución sin confrontación para evitar el menor número de heridos o muertos.

Sí, “humanistas” como son, buscan “la salida sin una confrontación. Alguien podría decir: ‘que llegue el Ejército y desarme a las personas que están ahí’, sí, pero nada más que eso va a representar una confrontación donde puede haber civiles fallecidos o incluso una confrontación muy grave. Nosotros nunca buscamos esa condición. Buscamos siempre tener un mecanismo de las operaciones para que haya el menor número de heridos”, dijo la presidenta con la habitual parsimonia que la caracteriza.

Y eso hicieron. Según un comunicado de la Secretaría de Gobernación, el subsecretario César Yáñez Centeno fue y entabló un diálogo con dos grupos criminales [“Los Ardillos” y “Los Tlacos”]; cordial y amablemente les hizo ver a estos descarriados paisanos “la necesidad y urgencia de recuperar la paz en la región”.

El comunicado oficial no deja lugar a dudas: nada de aplicar la ley, nada de confrontar a estos grupos, sólo pedirles que por favor se porten bien: “Les solicitó –dice textualmente– terminar las disputas y los bloqueos de manera pacífica para que pudieran ingresas las Fuerzas Armadas a restablecer el orden, así como a la atención y retiro de las personas heridas en el lugar. Los líderes estuvieron de acuerdo en su planteamiento”.

Por lo visto, se despidieron como buenos camaradas y todos contentos. Pero no todos. Las decenas de familias que aterradas dejaron sus casas, no creo que puedan regresar como si nada a sus hogares luego de que pidieron la intervención de un gobierno federal que en lugar de aplicar la ley ha decidido dejarlos a expensas de los criminales con los que han negociado para evitar la “confrontación”.

Como yo lo veo la decisión está tomada: la población debe arreglárselas como pueda, porque la Fiscalía General de la República y el gobierno de Guerrrero seguirán sin molestar a los “compañeros de partido”, como Norma Otilia Hernández Martínez, exalcaldesa de Chilpancingo, que fue captada en un video reunida con Celso Ortega Jiménez, alias “La Vela”, líder de “Los Ardillos”

Desde luego, tampoco se confrontará a este grupo criminal por el asesinato (decapitación, para que quedara claro su mensaje) de Alejandro Arcos Catalán, alcalde de Chilpancingo, ocurrido en 2024. Y puesto que no le urge a nadie resolverlo, el caso se mantendrá en la impunidad.

Es mejor también, suponen los exponentes del “humanismo” mexicano, que “Los Ardillos” sigan influyendo en los procesos electorales locales, como ya hicieron abiertamente en 2024 siguiendo el ejemplo de “Los Chapitos” en Sinaloa. ¿En qué mejores manos puede dejar Morena la selección de sus candidatos?

Dicen que los pobladores de la Montaña baja de Guerrero pidieron en redes sociales ayuda a EU. No me extrañaría, porque están desesperados y lo que ellos ven y sufren es un auténtico infierno.

Mientras tanto, el gobierno de Claudia Sheinbaum sólo parece defender una soberanía: la de los territorios en manos del crimen organizado.

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