La intensidad de estos días revela como nunca la improvisación política, la pobreza discursiva y el enorme desgaste que enfrenta la Presidencia de la República. Usar y repetir las mismas mentiras de su antecesor, no puede dar buenos resultados, menos aún cuando su gobierno vive una situación inédita: la acusación formal de EU de que en Sinaloa ha venido operando desde hace años un narcogobernador (del que la justicia mexicana no sabía y sigue sin saber nada) y la (inadmisible y aterradora) solicitud de que sea extraditado.
Esto no se arregla con la pantomima informativa de la mañanera y tampoco refugiándose discursivamente en el patrioterismo más ramplón. Las líneas de comunicación de la señora presidenta están colapsadas frente a los acontecimientos. La ocurrencia de emprender una fuga hacia adelante, es decir, intentar remontar la gravedad del problema con una dosis más alta de simulación y engaño elemental, no parece que vaya a funcionar frente al Departamento de Justicia de Estados Unidos.
A diario el gobierno mexicano recibe nuevas señales del vecino del norte, pero las ignora. Prefiere fingir y suponer falazmente que en breve todo será como antes, cuando creían que bastaba con hablar de cooperación y de respeto, pero sin resultados. Bueno, sin los resultados que está esperando Trump.
El discurso castrista de defensa de la soberanía luce muy forzado, pero sobre todo muy burdo e incoherente: ¿a qué viene esa “defensa” airada de la soberanía cuando, de momento, lo único que se le ha solicitado es la extradición de un político que EU considera que es un delincuente?
Por supuesto que ella y su partido están preocupados y, faltaba más, ofendidos por una acusación de este calibre. Y creen –ahí está su error– que la mayoría de los mexicanos también lo está; pero a estas alturas no deberían tener ninguna confusión: ni la señora presidenta, ni su partido y mucho menos Rocha representan la “soberanía” que dicen defender. Así como tampoco son “traidores a la patria” los opositores que vienen denunciando la complicidad de la 4T con el crimen organizado.
El discurso presidencial no debería de comprometer irresponsablemente la dignidad y la historia de México para defender al gobernador con licencia Rubén Rocha. Entiendo que es mucho lo que les va en ello, pero insistir en que los ciudadanos consumamos inocentememente su “patriótica” verdad es en verdad delirante.
Independientemente de las intenciones (intervencionistas, pongamos) de Estados Unidos, la respuesta que está adoptando la presidenta Sheinbaum está fuera de lugar.¿Para qué decir que “ningún gobierno extranjero puede entrar en nuestro territorio” si por lo pronto ninguno está entrando? ¿Y qué sentido tiene advertir que “aquí habemos mexicanas y mexicanos que defendemos la patria”? ¿De veras ella encabezaría esa “defensa” si EU decidiera venir por Rocha? Y si es el caso, ¿no sería más responsable ver en qué terminos la justicia mexicana puede anticiparse y evitar una experiencia como esa que dejaría profundamente lastimado al país? ¿O sólo le importa el destino de su compañero de partido, que por lo visto es una pieza fundamental para explicar el financiamiento ilícito de su partido desde hace años y su asociación parcial o total con el narcotráfico?
Las guerras patrias que México ha librado a lo largo de su historia no fueron para defender delincuentes, sino, estrictamente, nuestro territorio frente abiertas invasiones como las de Estados Unidos y Francia en el siglo pasado. La jefa del Ejecutivo no debería de aludir a esas gestas para vincularlas a la “defensa” actual de la “soberanía” que ella y su partido protagonizan, porque al hacerlo (en defensa de personas acusadas de formar parte del crimen organizado) las ensucia y denigra.
Este Cinco de Mayo, como era previsible, Sheinbaum, volvió a la más trillada retórica que le heredó su gran líder, pobrísima deudora del castrismo: “Quienes buscan –dijo– el apoyo externo por no tener apoyo popular en nuestro país, están destinados a la derrota; a quienes reviven la Conquista como salvación, les decimos: están destinados a la derrota…”
Mezclar, en su fuga hacia adelante, todas las mentiras y obsesiones ideológicas de la 4T y no resolver nada, no atender la grave situación que se le reclama, a lo único que puede conducir es a la derrota de ella y su gobierno, aunque desgraciadamente también con implicaciones muy severas para la nación entera.
Recomendar Nota
