Me llamó el secretario de Energía. En el edificio de Insurgentes me recibió acompañado de sus colaboradores más cercanos. Palabras más, palabras menos, me informó que el subsuelo del norte de Coahuila está lleno de gas. A los pocos días, un experto en la materia me confirmó la noticia y me adelantó que significaba una gran oportunidad de desarrollo para la entidad.
Más tarde, un exgobernador se sumó a las voces que se alegraban por las oportunidades que se abrían para la entidad. La autoridad federal anunció estudios para determinar los lugares exactos a explotar y los efectos en la zona. El histórico municipio de Guerrero fue el primero donde se iniciaron las indagatorias y en él se certificó el potencial.
Mi gobierno creó una instancia para ordenar los esfuerzos y aprovechar de la mejor manera la providencial oportunidad. Al frente quedó Rogelio Montemayor, el experimentado exmandatario que tiene un gran conocimiento en hidrocarburos, planeación y economía. Eran días de crecimiento y buenas noticias. Al final de mi sexenio llegamos a 182 mil empleos creados, un récord histórico y una cifra increíble para el tamaño poblacional de la entidad. El proyecto, que se detuvo por López Obrador, iba a generar un crecimiento inimaginable y a contribuir a la soberanía energética del país.
Por cierto, a poca distancia de la frontera, los gringos se pusieron a sacar como locos el producto y ahora hasta nos lo venden. No falta quien señala que hay un efecto popote y se llevan el nuestro. No lo dudo y no sería la primera vez que nos dan una despelucada.
En 2018 llegó a la Presidencia de la República López Obrador, un gobernante inculto que desmanteló las políticas públicas de su antecesor. Quitó incentivos a las inversiones privadas, canceló los proyectos de extracción de gas de lutitas y de pasada nos puso de rodillas frente a los gringos.
Por sus errores y prejuicios, hoy dependemos más del extranjero. Además, el país y el gobierno tienen muy serios problemas económicos y financieros. México no avanza y en buena medida es por falta de energía.
Los tiempos cambian y la presidenta parece interesada en permitir la explotación de las lutitas. Es un duro golpe al mesías tropical; también representa un reconocimiento a la necesidad de crecer y una decisión que recupera un proyecto del gobierno de Peña.
A las hordas de Morena solo les queda decir que los cocodrilos vuelan.
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