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La FNSM

El próximo sábado 18 de abril empieza en Aguascalientes la feria más grande y concurrida del continente americano: la Feria Nacional de San Marcos (FNSM). Nació como un intercambio de ganado y productos agrícolas entre comunidades del Bajío, y, a lo largo de los años, se ha convertido en un evento de más de 20 días que combina conciertos, exposiciones, charrería, gastronomía, artesanías y, para quienes sabemos apreciarlo, una de las temporadas taurinas más largas y rematadas del mundo. 

En 2025, la FNSM registró más de 8.5 millones de visitas, generando una derrama económica superior a los 10 mil millones de pesos y la creación de más de 37 mil empleos directos e indirectos. Los números crecen año con año y la infraestructura ferial tiene una capacidad operativa que pocas ciudades latinoamericanas podrían replicar.

Sin embargo, hay un dato que llama la atención: apenas 1% de la concurrencia proviene del extranjero. A pesar de que constantemente se habla de la internacionalización de la cultura mexicana, la FNSM, que agrupa lo mejor de ella, sencillamente no tiene la visibilidad en el exterior que merece. El contraste con lo que otras ciudades han logrado al desarrollar estrategias de aprovechamiento de sus activos culturales ofrece grandes lecciones.

En España encontramos dos ejemplos que han tenido enorme impacto y crecimiento: Pamplona y sus Sanfermines, y la Feria de Abril de Sevilla.

La capital navarra recibe cada año a más de un millón de visitantes, de los cuales una fracción mayoritaria es extranjera. Para los turistas de ciertas partes del mundo, especialmente anglosajón, se ha convertido en un rito. Presencian los encierros, beben vino, y regresan a casa convertidos en embajadores de una tradición que las autoridades locales han sabido custodiar y promover. La Feria de Abril de Sevilla hace algo distinto, pero igualmente sofisticado: convierte el traje de flamenca, el caballo andaluz, la música y la manzanilla en una experiencia de inmersión cultural total.

En Estados Unidos sucede algo similar. El Mardi Gras (una tradición de raíces francesas y caribeñas), pudo haber quedado como fiesta local, pero a través de un inmenso trabajo de paradiplomacia, transforma Nuevo Orleans en uno de los eventos más reconocibles del mundo, al recibir a más de un millón de visitantes en las dos semanas previas al miércoles de ceniza, que además generan una derrama que supera los mil millones de dólares.

Las tres ciudades entienden algo fundamental: la identidad no se explica, se experimenta. Y esa experiencia es poder suave en estado puro.

San Marcos puede competir a ese nivel, e incluso codearse con el Carnaval en Río de Janeiro o el Oktoberfest, en Múnich: sus dimensiones ya lo ubican por encima de muchos referentes mundiales. La cuestión sería desarrollar una estrategia coherente para convertirla en destino global. El aprendizaje es que la labor de promoción al exterior no es competencia única del gobierno federal, sino que los actores subnacionales también deben procurarla.

Esperemos que en el futuro cercano los tomadores de decision sigan “echando la pata pa´lante” y apuesten por la Feria Nacional de San Marcos como otra herramienta para seguir posicionando a México en el mundo.

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