Se dice, con cierta razón, que las comparaciones son odiosas, pero en la música, éstas son muy necesarias, sobre todo si hablamos de lo que genéricamente se conoce como “música clásica”.
Los compositores, por ejemplo Mozart o Beethoven, han dejado prácticamente todo por escrito en sus partituras y casi todos ellos dejaron todas esas instrucciones en italiano:
Tempo (tiempo): adagio, allegro, etc. Hay que mencionar que los silencios también están indicados en las partituras.
Volumen: piano, forte, crescendo, etc.
Carácter: dolce, con fuocco, etc.
Al final, todo está debidamente indicado; sin embargo, llegamos al momento en que hay que distinguir entre la intención del compositor y la visión del intérprete; ya sea este el director de la orquesta, el solista o, en el caso de la ópera, los cantantes. Los intérpretes tienen ciertas libertades que pueden ejercer, sin alterar nunca las notas escritas en la partitura, como ritmo, modulación del volumen y, lo más importante para el intérprete: el sentimiento que él tiene con respecto a la obra a ejecutar.
Lo anterior provoca que una misma obra (concierto, sinfonía, ópera, etc.) pueda ser y “sentirse” diferente. Ciertamente es pura subjetividad, pero no deja de ser importante si queremos tener una visión más periférica de una obra determinada.
Quiero proponerle un ejercicio: escuchar el segundo movimiento del 5ª concierto para piano de Beethoven en las versiones que le presento a continuación:
Director: Claudio Abbado
Solista: Maurizzio Pollini
Filarmónica de Berlín
Duración: 7.47 minutos
II.
Director: Leornard Bernstein
Solista: Rudolf Serkin
Filarmónica de Nueva York
Duración: 8.45 minutos
III.
Director: Simon Rattle
Solista: Mitzuko Uchida
Filarmónica de Berlín
Duración: 8.23 minutos
IV.
Director: Leopold Stokowski
Solista: Glenn Gould
American Symphony
Duración: 9.23 minutos
V.
Director: Otto Klemperer
Solista: Daniel Barenboim
Orquesta New Philarmonia
Duración: 8.59 minutos
Todas estas versiones están disponibles en Spotify y le puedo asegurar que, además de que va a pasar una hora fantástica, va a escuchar cinco formas muy diferentes de interpretación, tanto del director y la orqueta, así como de los pianistas.
De este concierto hay muchas versiones y se le conoce como 'el emperador de los conciertos' por el grado de virtuosismo que exige para el pianista y la capacidad del director para que el diálogo con la orquesta sea el mejor posible.
Con el tiempo, y algo de paciencia, se va educando el oído y, sin que tenga que ser un experto, podrá ir notando cómo se van definiendo sus preferencias por ciertos estilos de interpretación. ¡Anímese y haga la prueba!
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