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Cantada vale doble

Culiacán, Sin.- Frase mexicana que indica que un evento anunciado previamente, o una amenaza, se ha cumplido, aumentando su impacto o consecuencias.

Se utiliza para destacar una advertencia no tomada en serio, que se torna en una situación mucha más severa.

Al iniciar el mes de abril, este gobierno cumple 18 meses -un año y medio- y eso merece un alto en el camino para evaluar temas sensibles en la conducción de la República, desde el inicio del autodenominado “segundo piso” de la cuarta transformación.

Cantado estaba que, de manera autoritaria y hasta abusiva, el anterior presidente dejó figuras de su gobierno en posiciones clave para operar la administración federal, restándole autonomía y capacidad de maniobra a la primera presidenta en México. Desde el coordinador de la bancada de Morena en el Senado, el presidente del Senado, el coordinador de la bancada en la Cámara de Diputados, hasta secretarias tan importantes como la de Economía, el coordinador de asesores y la secretaria de Gobernación y muchos otros puestos administrativos relevantes del gobierno federal y todos los gobiernos estatales en manos de Morena, incluyendo algunos nefastos, como el de Tamaulipas y el de Sinaloa, entre otros.

Cantado estaba que las reformas constitucionales que quedaron pendientes serían continuadas por este gobierno, por instrucciones de su predecesor, algunas de las cuales le fueron detenidas por la falta de mayorías absolutas tanto en el Congreso de la Unión, como del Senado, así como por el Poder Judicial, específicamente por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, antes de su colonización por la reforma judicial de los “acordeones”.   

Cantado estaba que los cuatro factores fundamentales que importan a los mexicanos para su desarrollo -economía, salud, educación y seguridad-, descuidados ya en el gobierno anterior, seguirían en retroceso debido a las prácticas autoritarias, populistas y abiertamente antidemocráticas del actual gobierno federal.

Cantado estaba que la ideología seguiría prevaleciendo sobre la eficacia, la productividad y la meritocracia, impidiendo la mejora continua en aspectos como la transparencia, la universalización del conocimiento, los avances tecnológicos y la adaptación a una política moderna de relaciones con el exterior.

Cantado estaba que la apertura para el diálogo civilizado tampoco existiría en este sexenio; que la disminución de la polarización y la discusión abierta y sensata entre todos los actores de la sociedad mexicana -empresarios, trabajadores, académicos, artistas, deportistas y ciudadanos en general- seguiría negada por un gobierno que ejerce el poder desde una visión autoritaria, hostil y represiva.

La semana santa pasada fueron momentos especiales en el calendario litúrgico cristiano: tiempos de reflexión, de preparación espiritual y celebración familiar; un momento para conectarse con los seres queridos, tiempos de anticipación y esperanza.

Espero hayan servido estos días para demostrarnos a nosotros mismos que tomamos en serio las advertencias y amenazas a nuestra democracia, y para reflexionar sobre lo que queremos para el futuro, buscando un cambio verdadero para nuestro país.

Porque si algo ha quedado claro, es que cuando las advertencias se ignoran, las consecuencias se agravan. Y en política, como en la vida, lo que se canta… vale doble.

De cara a 2027, el desafío no es menor. La responsabilidad recae en una ciudadanía que debe decidir entre la inercia y el cambio, entre la resignación o la participación.

El futuro no se improvisa. Se construye.

Y hoy, más que nunca, esta cantado.

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