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Luna, Tierra, globo y mundo

Esta semana la humanidad entera pudimos ver nuevamente a una nave espacial partir hacia la Luna. La misión Artemis II ha sido un viaje orbital (no alunizaron) y deja (como en 1969) importantes lecciones.

Al igual que los antiguos navegantes de las frágiles carabelas de madera se hacían a la mar, hoy los astronautas se montan en la punta de un petardo (cohete) para lograr salir del planeta, llegar a la Luna, rodearla y luego regresar a casa. Se dice fácil, pero se requiere, además de altísima tecnología, muchísimo valor.

Confieso que más allá de las increíbles y nítidas imágenes de la Luna, me fascinaron las nuevas fotografías de la Tierra, de nuestra casa común. Me encantó ver esa pequeña y bella esfera en que vivimos, inscritos en ese inmenso e imponente universo. Me recordó -una vez más- nuestra pequeñez y fragilidad, así como la responsabilidad que debemos de asumir en el cuidado de nuestro hábitat. Esas imágenes me recordaron un maravilloso ensayo de Carlos Castillo Peraza (QEPD) en el que sustenta sabiamente que nuestro planeta no es simplemente un globo (por más que se hable de globalización), sino que debemos defender que vivimos en el mundo. Me explico y trataré de resumir aquel ensayo de la mejor manera posible.

Castillo Peraza escribió: "Es evidente que "globalización" viene de "globo". A su vez, "globo" nos llegó del latín globus, término equivalente en español a "bola", "esfera", "canica". Los matemáticos, los geómetras, los navegantes de antaño encaminaron sus esfuerzos y afanes a demostrar que la Tierra era un globo, una esfera. En cuanto sus cálculos y sus viajes probaron que lo era, construyeron "globos terráqueos" a escala y sobre ellos fueron pintando mapas, fronteras, rutas, meridianos y husos horarios". 

En ese ensayo, Carlos Castillo nos hizo saber que "mundo" es palabra hija de mundus, aparecida en nuestra lengua en el siglo XII y que sirvió para referirse al sitio habitado por seres humanos, tanto en su versión sustantiva cuanto en las muy variadas y adjetivadas como "el otro mundo", "el inframundo" o "el supramundo". 

Castillo Peraza subrayó que es así como se comprende que los hombres que salieron de Europa para probar que el planeta era un "globo", desde el momento en que hallaron seres humanos en las primeras islas con que se tropezaron, llamaran a su descubrimiento como "nuevo mundo" y no "nuevo globo". Y así se entiende también que hubiese nacido la expresión "tercer mundo" para referirse a una parte del globo habitada por seres humanos pobres, y no la frase "tercer globo". Del mismo modo, no hay teólogo ni predicador que nos hable de los que se van o están en "el otro globo", sino en "el otro mundo". 

Y Castillo concretó: "El 'mundo' es el 'globo' cuando éste es pensado y tratado como lugar de lo humano, como realidad humanizada, como domicilio o morada de los hombres". 

Ese pródigo yucateco parece recordarnos -a casi 26 años de su fallecimiento y ante las nuevas imágenes espaciales del planeta Tierra- que la sociedades democráticas debemos hoy exigirle a nuestros líderes que la toma de soluciones sean obligadamente mundiales, es decir, que tomen en cuenta y en consideración a los seres humanos. Así  de importante y trascendente.

El viaje de la misión Artemis II nos obliga, más que a observar a la Luna, a voltear nuestra mirada al mundo, a nuestro mundo, a ese mundo maravilloso que hoy está en riesgo con conflictos bélicos por doquier, con un sufrimiento humano no visto desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Mirar al mundo, mirar lo humano…

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