Hace 80 años, un recién nacido tenía 20% de posibilidades de morir antes de los 5 años por enfermedades que hoy se previenen con vacunas. No solo eso: enfermedades como el sarampión, la viruela y la polio provocaban secuelas que afectarían la calidad de vida de los niños en el resto de sus vidas.
El impacto histórico es asombroso. En los últimos 50 años, la inmunización ha salvado aproximadamente 154 millones de vidas en todo el mundo, de las cuales 101 millones corresponden a lactantes. Las vacunas infantiles salvan cerca de 5 millones de vidas cada año. Esto ha contribuido sustancialmente al aumento de la esperanza de vida, que en países desarrollados pasó de 47 a 80 años durante el último siglo.
En los últimos 20 años, se ha visto la necesidad de continuar la vacunación e incluso reforzarla en mayores de 50 años. La lógica indica que, si estábamos programados para vivir 47 años, a partir de los 50 debemos hacer modificaciones en nuestra vida para que lo que vivamos más, lo vivamos bien.
Si las vacunas han tenido tanto impacto en la infancia, es de esperar que lo tengan en la vida adulta. De esta forma, se han establecido esquemas de vacunación en los adultos que incluyen en general tres tipos distintos de vacunas: primero, los refuerzos de aquellas que recibimos de pequeños. Al vivir más, nuestro sistema inmune va perdiendo la memoria para esas enfermedades de niños para las cuales fuimos vacunados en edades tempranas. Los brotes epidémicos de difteria en Europa en 2022, con 362 casos en mayores de 70 años en nueve países de aquella región del mundo, fueron un llamado para aplicar refuerzos a toda la población europea de más de 50 años. Lo mismo ocurrió en la región de las Américas, donde el número de casos confirmados de tosferina subió a 66 mil en 2024, siendo los adultos mayores un porcentaje importante de los infectados. La conclusión a esos brotes ha sido el reforzar las vacunas que recibimos de pequeños, ahora que ya no lo somos tanto.
El segundo tipo de vacunas que deben aplicarse a los adultos son aquellas necesarias en casos de viaje o exposiciones de riesgo; en este grupo estarían la fiebre amarilla, la rabia y el tétanos, por ejemplo.
El tercer grupo de vacunas son las que cobran cada día mayor importancia. Al igual que sucedía con la alta mortalidad infantil por infecciones hace medio siglo. Hoy en día una importante causa de fallecimientos en el adulto mayor ocurre debido a enfermedades infecciosas. Tan solo las infecciones respiratorias son la tercera causa de mortalidad en mayores de 50 años, solo detrás de las enfermedades del corazón y el cáncer. Sabemos que Covid-19 provocó al menos 20 millones de fallecimientos durante la pandemia. Actualmente, se tienen vacunas para las principales causas de infección respiratoria grave en el adulto mayor: influenza, virus sincicial respiratorio (VSR), Covid-19 y neumococo. En los próximos años se espera se desarrollen estas vacunas en forma conjugada y de aplicación nasal.
Otras infecciones, como el herpes zóster, que provocaban graves secuelas como dolor crónico por años, ahora pueden prevenirse con la aplicación de una vacuna de reciente desarrollo.
Con el avance biotecnológico de la pandemia por Covid-19, se han desarrollado nuevas plataformas para el desarrollo de vacunas para enfermedades que afectan a los adultos. Pero el beneficio es aún mayor; estudios avanzados llevarán a la aparición de vacunas para problemas como el cáncer. Existe ya una vacuna en fase 2 para el cáncer de páncreas y también para enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple y lupus eritematoso, entre otras.
En conclusión, el fortalecimiento del sistema inmune en la etapa adulta no es solo una medida complementaria, sino una necesidad biológica frente al fenómeno al envejecimiento del sistema inmune. Las vacunas han dejado de ser exclusivas para la infancia, el desarrollo de esquemas de vacunación en el adulto representa el siguiente gran salto en la medicina preventiva. Lo mejor está aún por venir, debemos acostumbrarnos a vacunarnos y entender a este cambio como una medida que nos permitirá vivir más y sobre todo vivir mejor. Esto es sin duda la meta de todo adulto mayor.
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