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Jaime Sabines, un amoroso centenario

El poeta chiapaneco, que estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y que escribía a mano, con un cigarro y un café, nació hace cien años

A cien años de su nacimiento, Jaime Sabines sigue siendo una voz viva, íntima, necesaria. No es casualidad que Carlos Monsiváis lo haya llamado “un pacto nacional”, porque en su poesía caben todos, porque habla desde un lugar profundamente humano, donde el amor, la pérdida, la cotidianidad y la muerte se entrelazan sin artificios.

Sabines no escribió para impresionar, escribió para decir. Para decir lo que duele, lo que se ama, lo que se pierde. Su poesía es ese encuentro honesto con lo que somos cuando nadie nos mira. Tal vez por eso ha acompañado a generaciones enteras, seduciendo a lectores que encuentran en sus versos un refugio, una confesión o un espejo.

Nacido el 25 de marzo de 1926 en Tuxtla Gutiérrez, su vida estuvo marcada por decisiones que lo acercaron, poco a poco, a su verdadera vocación. Llegó a la Universidad Nacional Autónoma de México para estudiar medicina, intentando complacer a su familia, pero pronto entendió que su destino estaba en la palabra. En la Facultad de Filosofía y Letras encontró no solo su camino, sino también amistades entrañables como Rosario Castellanos, que acompañaron su formación literaria.

Hubo pérdidas que lo transformaron profundamente. El regreso a Chiapas, que lo alejó de la vida cultural de la capital, dio origen a Tarumba, donde dejó ver su frustración y su búsqueda. Y la muerte de su padre se convirtió en uno de los momentos más conmovedores de su obra, en ese diálogo desgarrador que es Algo sobre la muerte del mayor Sabines. En ambos casos, Sabines hizo de la herida un poema.

Escribía como vivía: sin pretensiones, a mano, acostado en la cama, con un cigarro y un café. Así, como quien conversa consigo mismo o con un amigo cercano. Quizá por eso su voz nunca suena lejana.

También fue un poeta querido en vida, algo poco común. Recibió importantes reconocimientos y, sobre todo, el cariño del público. Basta recordar aquel 30 de marzo de 1996, cuando llenó el Palacio de Bellas Artes, o el histórico recital en la Sala Nezahualcóyotl en 1997, donde miles —en su mayoría jóvenes— acudieron a escucharlo. Incluso quienes se quedaron afuera encontraron la manera de acompañarlo. Y fiel a su sencillez, él mismo les dijo que no se preocuparan, que no era tan importante verlo.

Antes de morir, en 1999, dejó una certeza sencilla y luminosa: el amor es lo más importante del mundo. Esa idea atraviesa toda su obra y sigue latiendo en cada lector que lo descubre o lo relee.

Hoy, a cien años de su nacimiento, su palabra no solo permanece: respira, acompaña y consuela. Porque mientras haya alguien que ame, que dude, que pierda o que recuerde, la poesía de Jaime Sabines seguirá encontrando a quién decirle, al oído, lo que a veces no sabemos cómo nombrar.

• Miércoles 25 de marzo | 22:00 horas
Retransmisión del recital de 1996
A través de Canal 22 y las redes del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura
Una oportunidad para volver a escuchar al propio Sabines en uno de sus momentos más memorables.

• Jueves 26 de marzo | 17:00 horas
Lectura y encuentro con su poesía
En la Librería Jaime García Terrés de la Universidad Nacional Autónoma de México, CU.
Un espacio para acercarse a sus versos desde nuevas voces y lecturas contemporáneas.

• Domingo 29 de marzo | 12:00 horas
Conversatorio sobre su obra
En la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes (entrada libre)
Un diálogo en torno a su legado con voces como Elena Poniatowska, Mónica Mansour y Homero Aridjis.

• Hasta el 30 de marzo
Adán/Eva, Sabines a flor de piel
En el Teatro Helénico
Un homenaje escénico donde la poesía dialoga con la danza, el teatro y la música, con la participación de Joaquín Cosío, José María de Tavira, Fernanda Castillo y Regina Blandón. Los lunes.

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