Semana nueve de La Aurora. La política es de ciclos y el de la reforma electoral concluyó, cuando menos en lo que pudo implicar un cambio en el sistema político.
Desde que, en febrero de 2024, Andrés Manuel López Obrador anunció el plan C, no hemos parado.
Pero aún antes, con los intentos de debilitar al INE y al Poder Judicial. Lo primero lo logró a medias, debido a la llegada de nuevos integrantes del consejo que resultaron muy obsequiosos con el gobierno y, lo segundo, sí lo obtuvieron, con las desastrosas consecuencias que se van atestiguando día con día.
Por lo pronto, se quedan los senadores plurinominales, no se cambia su designación en la Cámara de Diputados, la fórmula de dotación de recursos para los partidos se mantiene y no se recortan los tiempos de radio y televisión.
Pero en política, todo es provisional, y ya se anunció un plan B, que en realidad es ya E.
Lo primero que hay que decir es que no se trata de colar por las leyes ordinarias lo que no se pudo en la Constitución.
Es algo distinto, pero también delicado. Por ejemplo, se propone someter a consulta la materia electoral, para así poder preguntarle al pueblo si quiere reducir el financiamiento público, terminar con la representación proporcional, o lo que se vaya ofreciendo.
Para que esto sea posible, se requiere cambiar la Constitución, pero algo más, renunciar a la progresividad en las leyes y entrar en una zona de incertidumbre.
También está sobre la mesa realizar la consulta de revocación de mandato la misma fecha de la elección ordinaria, lo que tampoco es posible si no se modifica el texto constitucional.
El objetivo es meter a la presidenta de la República en la boleta.
El cálculo es que acarreará votos, pero no hay que descartar una sorpresa desagradable, sobre todo por la tendencia, histórica, de reducción del voto para el gobierno en elecciones intermedias.
Como quieren reducir lo que ganan los legisladores locales y establecer cabildos con menos integrantes, tendrán que hacer política en las entidades y en los municipios. Una cosa es segura, no será nada sencillo.
Semana nueve. El periodismo, ya sabe, consigna los hechos, los analiza, pero eso no quita la sensación de vértigo, los linderos de un abismo que de tanto en tanto se asoma.
