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"Las políticas públicas influyen en la felicidad", Lina Martínez

La autora sostiene que el enfoque oficial sobre el bienestar social es equivocado, "quieren reducir pobreza con más pobreza"

El libro Felicidad es el resultado de un ejercicio que la doctora en Políticas Públicas, Lina Martínez, realizó con sus alumnos de la clase "Felicidad y bienestar" a partir de la pandemia. En este trabajo, la autora compara a las generaciones actuales con las anteriores, quienes no buscaban la felicidad como un fin, sino que se enfocaban en cumplir con un trabajo y tener una familia. Martínez explica que, en este proceso, “cuando el mercado entendió que asociar felicidad con una compra aumenta las ventas, se instrumentalizó la emoción”. Al respecto, señala que los objetos materiales tienen un impacto limitado, pues “el dinero importa mucho cuando no se tiene, pero su contribución a la felicidad es mínima después de cubrir lo esencial”.

Lina Martínez es profesora de la Universidad Icesi de Cali, Colombia, estudió Filosofía y Literatura, realizó un máster en Educación y Desarrollo Humano. Ha sido consultora en el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo en políticas educativas en América Latina.

Desde su perspectiva como estudiosa de datos, en entrevista con La Aurora, la investigadora sostiene que el enfoque oficial sobre el bienestar social es equivocado. “De las cosas que en mi ejercicio práctico de estudiosa de políticas públicas, he logrado entender que los gobiernos tienen el ángulo mal puesto del bienestar, por ejemplo, en América Latina que está encaminada a reducir pobrezas con más pobrezas", afirma. Martínez critica la limitación del Estado y la naturaleza de los apoyos actuales: "La posibilidad que tiene un estado de trabajar es limitado porque las políticas públicas solo son bien intencionadas y existe eso de las transferencias condicionadas de dinero. Si eres pobre te van a transferir un dinero que es aproximadamente el 20% del salario mínimo. Para que dejes de ser pobre te voy a mandar otra pobreza y con eso solvento una brecha, es lo que hacen los gobiernos”.

En cuanto a la gestión de las experiencias diarias, la especialista destaca que la salud mental y la educación emocional son piezas clave que hoy faltan en la población. “Una ‘tusa’ o decepción amorosa puede convertirse en un problema de salud mental si no se tiene la capacidad de gestionarla y para eso no hay una política pública y el ciudadano común generalmente no tiene acceso o información al respecto”, advierte. Martínez recuerda que, históricamente, la felicidad se entendía de forma distinta: “Desde Aristóteles o Buda, la felicidad era la vida virtuosa y colectiva. Hoy, las sociedades toman decisiones basadas en emociones”. Por ello, aclara que su libro no es una lista de hábitos, pues considera que esos solo generan una "hiperexplotación individual".

Para cerrar, la autora propone una visión basada en entender la vida y agradecer lo que sucede para poder modular el pensamiento. En ese sentido, rescata el valor de la lectura como una herramienta de apoyo genuina: “he resignificado muchísimo la autoayuda conociendo más del mundo editorial. Creo que todo lo que uno lee es autoayuda, la poesía y la literatura pueden hacer más por nuestra salud mental y por nuestras emociones. Uno busca en la literatura ayuda”.