El cierre del Estrecho de Ormuz puede aumentar los precios del crudo, el transporte marítimo, los fertilizantes y los alimentos, dicen analistas del Financial Times y The New York Times
El cierre del Estrecho de Ormuz puede aumentar los precios del crudo, el transporte marítimo, los fertilizantes y los alimentos, dicen analistas del Financial Times y The New York Times

El conflicto bélico de Estados Unidos e Israel contra Irán, que ya supera las dos semanas, ha provocado ataques contra petroleros, amenazas de cierre de la vía marítima y una volatilidad creciente en los mercados internacionales que, de alargarse, derivaría en inflación hasta en alimentos y desabasto de crudo, señalan expertos en el Financial Times y New York Times.
Si el conflicto se prolonga y el Estrecho de Ormuz permanece bloqueado o bajo ataques constantes, los analistas advierten que el mundo podría enfrentar un escenario similar al de los choques petroleros de los años setenta.
Las consecuencias podrían incluir inflación energética persistente, el encarecimiento de alimentos, la presión sobre bancos centrales y posible recesión en economías importadoras de energía.
Un artículo de opinión publicado en el diario estadounidense The New York Times señala que el propio presidente Donald Trump ha reconocido que la guerra se ha vuelto más compleja de lo previsto. “La guerra está ‘muy completada, más o menos’”, declaró a CBS News, aunque posteriormente insinuó que el conflicto podría terminar “pronto, muy pronto”.
La incertidumbre bélica ya tiene efectos económicos visibles.
Las tensiones en el Golfo Pérsico provocaron un repunte abrupto del petróleo. El crudo Brent y el WTI se dispararon hasta cerca de los 120 dólares por barril, mientras los futuros subieron cerca de 9% en una sola jornada, impulsados por ataques iraníes a petroleros y por la amenaza de mantener cerrado el Estrecho de Ormuz.
El aumento del crudo se trasladó rápidamente a los combustibles. En Estados Unidos, el precio de la gasolina ya subió 17%, de acuerdo con el análisis citado por el New York Times, un incremento que comienza a golpear directamente a los consumidores en un año electoral clave.
Los mercados reaccionaron con nerviosismo.
En Wall Street, los tres principales índices bursátiles registraron caídas superiores al 1%, con pérdidas generalizadas en casi todos los sectores salvo el energético.
El S&P 500 cayó 1.53%, el Nasdaq 1.79% y el Dow Jones 1.57%, en una sesión marcada por ventas masivas de acciones.
A eso debe sumarse el posible desabasto petrolero. De acuerdo con información del Financial Times, el mundo consume hoy alrededor de 100 millones de barriles de petróleo al día, y cerca de una quinta parte de ese volumen —unos 20 millones de barriles diarios— atraviesa el Estrecho de Ormuz, una franja marítima de apenas 39 kilómetros en su punto más angosto que conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico.
Por ese corredor energético circula petróleo procedente de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irak y Qatar, lo que convierte a Ormuz en el punto más crítico del sistema energético global. Su cierre, incluso parcial, puede desencadenar choques inmediatos en los precios del crudo, el transporte marítimo, los fertilizantes y los alimentos.
Ese escenario es precisamente el que comienza a tomar forma con la guerra entre Estados Unidos e Irán.
Según analistas citados en los reportes financieros, la reacción refleja el temor de que el conflicto prolongado reavive presiones inflacionarias globales justo cuando varios bancos centrales comenzaban a considerar recortes de tasas.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) advirtió que la guerra está generando la mayor interrupción del suministro petrolero de la historia moderna, en gran medida por el bloqueo de rutas marítimas y los ataques a buques.
Ante el riesgo de desabasto, los países miembros de la agencia acordaron liberar 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas, la mayor liberación coordinada jamás realizada y que serviría para un abasto de 20 días.
Aun así, los mercados siguen bajo presión.
La razón es simple: si Ormuz se cierra por completo, hasta 20 millones de barriles diarios podrían quedar temporalmente fuera del mercado, una cifra equivalente a toda la producción petrolera de Estados Unidos.
El encarecimiento del petróleo no impacta únicamente a los combustibles.
El conflicto también amenaza el suministro de fertilizantes, ya que gran parte de su producción depende del gas natural proveniente del Golfo Pérsico. Analistas energéticos han advertido que una interrupción prolongada podría generar escasez global de fertilizantes, encareciendo la producción agrícola.
Los mercados de materias primas ya muestran señales de presión y a la fecha, a dos semanas del conflicto este el panorama actual de los precios de energéticos y alimentos:
En los mercados bursátiles internacionales el efecto ha sido inverso:
La tendencia refleja la clásica reacción de los inversores ante conflictos geopolíticos que suelen huir hacia activos seguros y salida de mercados emergentes.
Mientras los precios globales suben, algunos productores energéticos están obteniendo ganancias extraordinarias.
Una nota del Financial Times señala que Rusia está obteniendo hasta 150 millones de dólares diarios adicionales en ingresos presupuestarios por el aumento del precio del petróleo.
El cierre efectivo del Estrecho de Ormuz ha disparado la demanda de crudo ruso, especialmente desde India y China, lo que ha permitido a Moscú aumentar sus exportaciones.
De acuerdo con cálculos del diario británico, el gobierno ruso ya ha recibido entre 1,300 y 1,900 millones de dólares en ingresos fiscales extraordinarios, y podría alcanzar entre 3,300 y 4,900 millones de dólares adicionales si los precios se mantienen elevados.
La mayor preocupación de los inversionistas no es solo el aumento inmediato del petróleo, sino la posibilidad de que el conflicto se alargue.
Irán ha advertido que cualquier ataque contra su infraestructura energética provocará represalias directas contra todas las instalaciones de petróleo y gas de la región, lo que incluiría terminales estratégicas utilizadas por aliados de Estados Unidos.
El mando militar iraní también amenazó con incendiar infraestructura energética regional si sus instalaciones son atacadas.
En ese contexto, los mercados comienzan a asumir que el conflicto podría prolongarse más de lo previsto.
“Se está reconociendo que la resolución del conflicto en Medio Oriente se está postergando cada vez más”, advirtió Ryan Detrick, estratega jefe de mercado de Carson Group, citado en reportes financieros.
Según el análisis publicado en The New York Times, los costos económicos y políticos de la guerra están aumentando para el presidente estadounidense.
El conflicto no cuenta con respaldo mayoritario entre los estadounidenses, y el encarecimiento del combustible empieza a sentirse en la economía doméstica.
Trump ha insinuado que podría declarar una victoria rápida y retirarse del conflicto, pero el propio análisis advierte que una guerra real crea hechos sobre el terreno que dificultan una salida inmediata.
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