...

Información para decidir con libertad

Apoya el periodismo independiente

Nietzsche en Teherán

En Teherán, la tierra del sacerdote Zaratustra, se libra una batalla que redefine, ya, al mundo. El derecho internacional ha muerto, exclamaría hoy un Friedrich Nietzsche contemporáneo; caricaturizar su Así habló Zaratustra. Un libro para todos y ninguno, quizá nos ayuda a entender lo inentendible: una escuela de niñas masacrada por Estados Unidos (según The New York Times), y una teocracia con horca en el siglo XXI. Explicaría el autor de Röcken al “superpresidente” y su “voluntad de poderío político”, así como el “eterno retorno” a la guerra en Medio Oriente. Dios ha muerto, pero Nietzsche ha resucitado.

Aquel orden internacional que parió la Segunda Guerra Mundial con los vencedores de Churchill, Roosevelt y Stalin, agoniza. La hegemonía norteamericana de la caída del muro de Berlín en 1989, también. El superpoder del dinero gana. Y la justicia es desairada. Había una idea de organización del poder con límites (ONU, OEA, Unión Europea, tratados, etc.) y garantías para la libertad y la dignidad ciudadana que llamamos “derechos humanos”, ahora, esos derechos junto con el poder de compra, son un arma para excluir al diferente y al pobre. Exagerar la tutela de la diferencia entre personas y convertirla en anhelos populistas, autorizar a aventarse bombas mutuamente, sin que nadie exija volver a la norma igualitaria.

Ese orden mundial que agoniza tiene un momento icónico, y un lugar sumamente significativo: universal. Un juzgado, un tribunal, unos procesados, en la ciudad alemana: Núremberg, concretamente la sala 600 del Palacio de Justicia, donde se procesaron a los mandos nazis por crímenes contra la humanidad. “Tengo el privilegio de abrir el primer juicio en la historia por crímenes contra la paz en el mundo”, dijo el fiscal principal Robert Jackson. Después de 80 años de aquel momento nadie lo recuerda. ¿Llegó la paz? ¿Esa pedagogía fue útil y aleccionadora? ¿Acaso no está más exacerbado el racismo hoy? La ultraderecha o ultraizquierda discriminatorias de uno y otro país gozan de cabal salud. ¿Quién contrapesará a Trump y Netanyahu? Golda Meir fue investigada tras la Guerra de Yom Kipur, en 1973. Y Clinton por sus devaneos. Israel y Estados Unidos son una democracia que se debe defender, y exigir que se porten como tales.

Sin embargo, las pulsiones de desprecio a los juzgados (que ponen límites) de Donald Trump y Benjamín Netanyahu están fortalecidas. (Igual que en México las de Morena que destruyó el Poder Judicial) Trump descalificó a un juez de Seattle, James Robert, por suspender el veto migratorio a los musulmanes; y Netanyahu, en 2023, buscó reformar al Poder Judicial para limitar a la Corte Suprema y disminuir su independencia al intentar mayor injerencia en los nombramientos. Quería que el Parlamento anulara las decisiones de la Corte israelí. Pero tampoco debemos disimular y señalar, cuando en Irán su sistema penal, basado en la Sharía (ley islámica), en tribunales poco transparentes y nada independientes, observan una norma inhumana que indica que el testimonio de hombre equivale al de dos mujeres. Sí. La palabra de una mujer en Irán vale la mitad que la de un varón.

Nietzsche volvió para renacer después del caos planetario. Reivindicar a la genuina “voluntad de poder” de Nietzsche como una redención, como venganza al pasado de odio, y reclamar límites al poder de los ayatolas, de Trump o Netanyahu, es osadía posible. Reactivar la lucha contra ese nihilismo cívico que nos anestesia contra el dolor del otro es imperativo social, y oponer a los “superpresidentes racistas o religiosos” al “superciudadano” es deber de vida que Nietzsche aplaudiría, al parecer Dios nació en Medio Oriente y sólo muere para los fanáticos.