Culiacán, Sin.- Desde hace 18 meses Sinaloa se encuentra en medio de una imparable crisis de inseguridad pública y de una enorme catástrofe económica. Durante este periodo, los datos oficiales arrojan que existe una aguda crisis de inseguridad pública, una economía regional en constante deterioro, y una situación de desespero en el sector agrícola. Según el Consejo Sinaloense de Empresarios, tan solo en este periodo se perdieron 20 mil empleos y cerraron 4 mil 600 empresas.
En este contexto, recientemente Claudia Sheinbaum realizó una gira de trabajo por Sinaloa. ¿Cuál fue su objetivo? Oficialmente se trató de una gira sobre asuntos de salud, obras públicas e inversión social. Pero su significado político fue mucho más allá. Se trató de un operativo para recuperar la agenda política estatal, respaldar la deteriorada imagen política del gobernador, y dejar claras las prioridades de la Federación.
La presidenta trató de construir la falsa imagen de que Sinaloa es un estado gobernable, y que el Ejecutivo estatal no ha sido rebasado por la grave circunstancia en que se encuentra la entidad. Llevó a cabo una sesión del Gabinete de Seguridad, solo como prueba de mando y para enviar un mensaje de control territorial. Pero ello ocurrió cuando la inseguridad tiene aterrada a toda la población y paralizada a la economía regional. Aun así, Sheinbaum quiso venir a decir “aquí también mando yo”.
La presidenta también se reunió con líderes agrícolas, para despresurizar la grave situación de deterioro que se vive en el campo sinaloense. De igual manera, utilizó esta gira para reforzar el pacto del gobierno federal con el gobernador. Un gobernador que echó la casa por la ventana para halagar a Sheinbaum. A toda la burocracia estatal y municipal se le exigió asistir a los eventos para aplaudir y vitorear a la presidenta. Incluso, estudiantes y maestros de la Universidad Autónoma de Sinaloa fueron colocados a lo largo del trayecto mostrando alegres pancartas de bienvenida y felicitación a la presidenta y al gobernador.
La gira presidencial fue un intento de contener el grave daño reputacional que hoy tiene Sinaloa, y también tuvo el propósito de construir la percepción de que aquí existe control por parte del Estado. De igual manera, se trató de alinear a los grupos económicos locales para que cierren filas con el gobierno, y para que contribuyan a evitar potenciales conflictos sociales que ya se observan en el horizonte. Pese al operativo de la gira presidencial por Sinaloa, quedó claro que existe marcada diferencia entre la narrativa gubernamental y la realidad cotidiana. Sinaloa aún está en manos del crimen organizado. Los asesinatos, desapariciones, robo de vehículos, la quema de viviendas y comercios, el cierre de empresas y el creciente desempleo, son la principal característica de hoy. Además, no existe capacidad institucional local para producir cambios relevantes. Los eventos masivos forzados, los discursos vacíos y la fabricación de falsas percepciones, ya no sirven para generar la gobernabilidad que realmente se necesita en un estado fallido como Sinaloa.
