Saltillo, Coah.- El fin de semana pasado volvió a mover el tablero nacional en materia de seguridad. La detención de uno de los líderes criminales más peligrosos del país y la narrativa de cooperación entre México y Estados Unidos reactivaron la pregunta recurrente: ¿estamos ante el fin de una etapa criminal o ante su reconfiguración?
Desde el centro del país, el debate es político. Desde Washington, estratégico. Desde el norte, territorial… y económico.
Porque cada golpe de alto perfil genera presión en las regiones. Y cuando el crimen se reacomoda, busca territorios con valor logístico, infraestructura, cruces fronterizos y dinamismo industrial.
Ahí es donde entra Coahuila.
Por instrucciones del gobernador Manolo Jiménez Salinas, el fiscal Federico Fernández Montañez encabezó el despliegue del cien por ciento de las fuerzas estatales y municipales: 10 mil elementos activos bajo el protocolo de blindaje.
Carreteras federales y estatales. Caminos rurales. Brechas. Accesos estratégicos. Vigilancia aérea permanente. El objetivo es claro: sellar fronteras estatales de manera preventiva ante los hechos violentos registrados en otras entidades.
No hay incidentes en Coahuila. No hay crisis local. Hay anticipación.
En Torreón, durante la conmemoración del Día de la Bandera, el gobernador reiteró el respaldo al Ejército, a la Guardia Nacional y reconoció el operativo encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. El mensaje fue institucional: coordinación total en un momento nacional delicado.
Pero el blindaje no es solo operativo. Es estructural.
Para 2026, Coahuila ejercerá 4mil millones de pesos en seguridad. Una cifra histórica que confirma algo que en el norte se entiende con claridad: la estabilidad no es discurso, es inversión pública estratégica.
En México, la seguridad suele narrarse a partir de golpes espectaculares: capturas de alto perfil, operativos mediáticos, anuncios que ocupan titulares y generan la sensación de que algo definitivo ocurrió. Pero la estabilidad real de un territorio no depende de un evento aislado, sino de lo que sucede después. Depende de presupuesto asignado con visión estratégica, de protocolos ensayados, de coordinación diaria entre instituciones, de inteligencia preventiva y de presencia constante en el territorio. La seguridad no es un momento, es un sistema. No es un aplauso coyuntural, es una gestión permanente.
Y aquí es donde la conversación se conecta con el nearshoring.
Coahuila es uno de los estados que más lo ha capitalizado. La cercanía con Texas, la infraestructura carretera y ferroviaria, el capital humano y la competitividad han convertido a la entidad en destino prioritario para nuevas inversiones.
Pero ninguna planta se instala donde hay incertidumbre territorial. Ninguna cadena de suministro se consolida donde las rutas no son seguras. Ningún corporativo apuesta a largo plazo donde el entorno es volátil.
El blindaje, entonces, no es solo una política de seguridad: es una política económica.
Tiene costo político. Tiene costo financiero. Pero también tiene consecuencia directa: estabilidad, crecimiento industrial y confianza empresarial sostenida.
En tiempos donde el país debate si estamos ante el cierre de una era criminal o el inicio de otra, el norte envía otro mensaje: la seguridad no es un momento que se celebra, es una política que se construye y se sostiene todos los días.
Porque en la economía global actual, el blindaje no solo protege familias. Protege inversiones. Protege empleos. Protege futuro.
