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Ostracismo a narcopolíticos

Después de El Mencho ¿Qué sigue?, preguntan algunos. Pues seguir el dinero. Las monedas fruto de la extorsión o ensangrentadas no deben cultivar gobiernos.

¿Quién compró la casa de Nemesio Oceguera en Tapalpa Country Club? ¿Con qué dinero? ¿A nombre de quién estaba? ¿Qué notario público de Jalisco dio fe del contrato de compra-venta del inmueble? ¿Pagaba impuesto predial, agua, basura, mantenimiento? ¿Tenía seguridad privada? ¿Los alcaldes, alguno de Movimiento Ciudadano, y el gobernador sabían de su existencia? Porque la pregunta fundamental: ¿A qué autoridades financiaba?

Aquí cabe la favorita pregunta presidencial: ¿Y por qué no preguntan por García Luna? ¡Pues eso! Es hora de contestar contundente sobre Genero García Luna, quien lleva preso todo el sexenio de López Obrador, y lo que va del de Claudia Sheinbaum; luego entonces: ¿cuánto dinero le transfirió ese señor al Partido Acción Nacional para sus campañas? ¿Qué autoridad mexicana lo atrapó? ¿Qué autoridad mexicana solapa o esconde el pedimiento de su extradición? El proceso del señor García Luna está en apelación, un tribunal (que no es de acordeón, ni sorteos) está revisando la sentencia que lo condenó. Si García Luna financió, con dinero criminal, al PAN, éste debe desaparecer, eso es lo que propone justamente Acción Nacional. Ni más ni menos. Pero igualmente, si El Mencho financió a Movimiento Ciudadano, deben expulsarlo del juego político. Y si Adán Augusto, Hernán Bermúdez, el señor Carmona fondearon o barrieron con dinero del robo de combustible, de huachicol a Morena, debe caer sobre esa movida (más que movimiento) la “muerte civil”.

En la antigua Grecia, no necesariamente a delincuentes, pero sí a personas poderosas e influyentes que fueran un peligro para la convivencia en unidad de la “polis”, la asamblea podía decretar el ostracismo. Así lo recoge Aristóteles, en la Constitución de Atenas, precisamente para proteger el régimen de gobierno ateniense y la igualdad de los ciudadanos. Le ocurrió a Jantipo, el padre de Pericles, o a Temístocles el héroe de la batalla de Salamina; siempre que un ciudadano era ostracado, es porque se le veía un potencial tirano.

Hasta el derecho canónico, autoriza a la Santa Sede a “suprimir” una orden religiosa. En 1773 el papa Clemente XIV disolvió a los jesuitas. Quizá Juan Pablo II o Benedicto XVI debieron también eliminar religiosamente a una orden fundada por otro personaje michoacano, tan vergonzoso para esa tierra, como El Mencho: Marcial Maciel.

Partido político con ligas financieras con el crimen no es un vehículo de ciudadanos al poder, es prostitución para resquebrajar y debilitar el monopolio de violencia del Estado. Ese partido financiado por el narcotráfico, la extorsión, el rescate de personas desaparecidas, debe considerarse enemigo del Estado. La convivencia pacífica es precondición democrática; y matar, extorsionar, desaparecer, no son verbos democráticos.

Si en la reforma electoral no viene la facultad de extirpar de nuestro mundo democrático a sus enemigos, Morena será cómplice y una potencial tiranía.

Posdata.- En la reforma electoral sólo hay dos lugares, en uno están los constructores de la democracia moderna: el michoacano Cuauhtémoc Cárdenas, Rosario Ibarra y Manuel Clouthier; en el otro el democraticida Manuel Bartlett. Cada uno que elija su acera.