El portal francés Le Grand Continent presentó una entrevista notable con Anton Jäger, profesor de Historia de las Ideas Políticas en la Universidad de Oxford. En ella, Jäger presenta el concepto estrella de su próximo libro: la hiperpolítica. De acuerdo con mediciones de numerosos factores, la politización en los países occidentales se ha disparado a niveles sin precedente desde la crisis financiera de 2008. Esto responde en primer lugar al incremento en el número de protestas y movilizaciones contra el gobierno, las elites o incluso el sistema económico.
En principio, dice Jäger, esto parece un indicio positivo de nuestro tiempo. En la década de 1990 y la primera del siglo XXI, el problema más serio identificado por la ciencia política en los países occidentales era la despolitización, el desinterés e incluso la apatía que se reflejaba en la caída en los niveles de votación y participación en asuntos públicos. Ahora existe el problema inverso, la crisis de representación que vivimos ha politizado todo, a grados que complican sensiblemente la convivencia y agudizan la polarización, así como la violencia política. El concepto de hiperpolítica pretende ilustrar el fenómeno y advertir sus implicaciones más problemáticas.
Si bien uno podría interpretar positivamente la hiperpolitización de la sociedad mexicana contemporánea, tiene el inmenso inconveniente de que viene acompañada de un rechazo a la institucionalización. Los movimientos de protesta y participación popular no es que no sepan organizarse institucionalmente, es que por principio rechazan la idea de la institucionalidad. Así el movimiento de los indignados, los chalecos amarillos en Francia, los manifestantes de la primavera árabe y quién sabe si también las mujeres que protestan hoy en Irán. No puede hacerse política profesional y duradera sin instituciones. Pueden rechazarse las instituciones actuales, destruirse, construir otras en su lugar, pero sin instituciones, la política se vuelve una colección de impulsos transitorios y efímeros.
Me pregunto si hay en esta teoría académica un punto de partida para comprender la parálisis de la oposición en México. Mientras los partidos políticos viejos y aún los nuevos aspirantes a conseguir el registro presentan las mismas caras de siempre, afuera se ven todos los días figuras interesantes en las redes sociales, la protesta callejera, algunos espacios en los medios de comunicación tradicionales y la movilización por causas. Sin embargo, éstos ven con tanto desprecio a los partidos que el descontento ciudadano con el gobierno morenista no encuentra una correspondencia exacta en los niveles de votación para los partidos opositores. Menos aún para sus niveles de afiliación.
Hace como dos o tres meses, el PAN lanzó una campaña masiva de afiliación para nuevos militantes, de la cual no se observa ningún tipo de resultado valioso. La explicación podría residir no nada más en la torpeza de esa campaña de afiliación, sino en un fenómeno más amplio, como la hiperpolitización de la que habla Jäger. La solución, dice Jäger, pasa por una reinstitucionalización mixta. “Algunas campañas locales en Estados Unidos articulan una organización militante clásica con un movilización digital no permanente, una inscripción local para capacidad de respuesta en el corto plazo”, expresa en la entrevista. El punto es que los mecanismos de militancia no convencionales sean utilizados para conducir eventualmente a la militancia formal e institucional. Pues eso, no hay que dejar de voltear al mundo para explorar estas alternativas. Vale la pena darle seguimiento a este libro de la hiperpolítica.
